Empiezo a creer que la gente cada vez cocina menos en casa, al menos entre semana. No sé por qué lo sospecho. Mucho hablar de recetas geniales, de fórmulas para impresionar, de platos de diseño, de cocina de autor, y luego en el día a día se comen cualquier cosa. Y creo que esto se debe a ciertos factores que dificultan el cumplir con la noble y necesaria aunque dura tarea de guisar a diario. Por eso he decidido imputar a estos elementos el delito de distraer a la gente, de tal modo que se acuestan sin tener preparado al menos un plato caliente para comer al volver a casa. Bueno, a lo mejor me he pasado un poco con las acusaciones, pero ahí va el pliego de cargos de uno de ellos:

La televisión: no tengo nada especial contra ella. Pero a veces, muchas, debería estar apagada. Chupa sin piedad el escaso tiempo del que se dispone, por ejemplo, para planificar la cocina semanal, haciendo compatible trabajo y alimentación saludable. La tele funciona con la excusa de entretener e informar, pero en realidad de eso hace bien poco, aunque no toda su programación es así. Además, es complicado ver la tele y cocinar al mismo tiempo.

Dicen las encuestas que el 28% de los jóvenes pasan más de tres horas diarias ante una pantalla. No sé cómo tienen tanta paciencia… además, así dejan de hacer ejercicio y se encaminan hacia la obesidad. Está claro que abusar de la pequeña pantalla no trae nada bueno, como por ejemplo impedir la comunicación familiar en las sagradas horas de las comidas.

En su descargo, he de decir que muchas personas mayores, algunas de ellas impedidas, encuentran en la caja tonta una distracción y un modo de pasar el tiempo, que incluso no pueden llenar con la lectura por sus dificultades visuales. Pero también en estos casos, la programación de la televisión –tal como está planteada actualmente- es en gran parte perjudicial hasta para la salud.

Como blog demócrata que soy, solo tengo competencia para recriminar a la televisión lo poco que ayuda a trabajar, a cumplir con nuestras obligaciones. De ese modo, llega la noche, se viene el tiempo encima y entonces mucha gente echa mano de cualquier cosa precocinada o frita, que son una vergüenza y un peligro para la salud. Y la televisión tiene ahí cierta responsabilidad.

Guisar no es más que combinar ajos, cebollas, pimientos, tomates, laurel, buen vino blanco, carne, pescado o legumbres. Pero con tanto ver la tele aquí no hay quien cocine. Sin embargo, se puede ver una buena película mientras se cuecen los garbanzos a fuego medio o se hace un buen tomate frito. Es cuestión de organización y de tener un timbre avisador en la cocina. Mientras tanto, la televisión para mí es culpable.