Lo cuento antes de que se olvide. Reseñar el éxito de la gymcana del Doce, celebrada durante la mañana del sábado 20 de marzo con motivo del Día de la Pepa, y en la que concursaron niños, jóvenes y familias enteras. El uniforme de los participantes fue una camiseta amarilla, parecida a la del Cádiz-CF, que “llamó” a todos los mosquitos de la bahía, según contaron ellos mismos. Las cuestiones y pruebas del juego iban sobre la historia gaditana y sus calles y monumentos. La prueba contó con diversos figurantes y se prolongó hasta casi las tres de la tarde. La foto la tomamos sobre esa hora en la Plaza de San Juan de Dios, cuando ya recogían el escenario de la entrega de premios, que consistieron en videoconsolas y en viajes.

El pasado fin de semana en Cádiz también se celebró por segunda vez el mercadillo del Doce, instalado en la señera Plaza de San Antonio, que siguió atrayendo a numeroso público foráneo, a tenor de la gran cantidad de autobuses que vimos aparcados por la ciudad.
Aparte de los tenderetes de bisutería, madera, metal y cuero artesanos (con bellos productos), volvimos a ver los puestos de quesos, dulces caseros y herboristería. Eché de menos la demostración que allí se hizo de la cocina del Doce, pero no pudimos asistir. Nuestros amigos de Tubal sí que estuvieron.

Por lo que respecta a nuestras compras, aparte de traernos bizcochos de dos sabores para la merienda, compramos un queso de oveja, esta vez de un pueblo llamado Castronuño, de la provincia de Valladolid, que el año pasado fue premiado en un concurso nacional como el mejor. En cuestión de quesos, hay que probarlos todos.

Y por último, referir lo que me impresionó en la mañana del viernes, a la vuelta del desfile histórico, camino del Baluarte de la Candelaria; cuando cruzamos por el mercadillo soldados y ciudadanos doceañistas, a nuestro paso recibimos fuertes aplausos de los ancianos que estaban dispuestos alrededor de una de las cantinas, todos ellos en sillas de ruedas. Y una anciana gritó: ¡ole, ole y ole, y el que no diga ole…! Cosas que ocurren en las calles de Cádiz. Vivir en una sillita de ruedas debe ser muy triste.