Llegó el 19 de marzo, día de la Provincia de Cádiz y cumpleaños de la constitución de 1812. Diputación y Ayuntamiento celebran actos por separado. La primera (este año en San Fernando por ser su bicentenario en 1810), entregando medallas de la provincia y nombrando hijos/as predilectos. El Ayuntamiento, escogió nuevamente la Plaza de España para la tradicional ofrenda de flores a nuestra Carta Magna doceañista. Aquí estuve yo, como el año pasado, en el desfile de recreación histórica, vestida de ciudadana de 1812.
A las 9.40 horas de la mañana fue la salida –desde el Baluarte de la Candelaria el pueblo y desde el Castillo de Santa Catalina la milicia- hacia el monumento a la constitución de Plaza de España, donde acudirían autoridades y público. La magnífica unidad de música del batallón realzaba el desfile. El año pasado me convertí tal día como hoy en Carmen Toscano, madre de mi tatarabuelo y testigo de esta época. Este año, mi traje se extravió y tuve que tomar uno prestado. No fue lo mismo.
Camino del Oratorio de San Felipe, donde el pueblo (eclesiásticos, diputados, hombres, mujeres y niños) esperó a las milicias para llegar juntos a Plaza de España, recorrimos las calles de Cádiz donde la gente salía a recibirnos. Pudimos contemplar obras sin terminar, acerados abierto y múltiples fachadas dañadas por las interminables lluvias caídas este invierno. Aún así, Cádiz sigue siendo hermoso, especial.
El acto, a las 11,00, acoge varios discursos. Me encantó el del presidente del Ateneo, Ignacio Moreno, llamando a la solidaridad interterritorial, para luchar contra la crisis y contra el paro. Ideales progresistas con sentido común en sus párrafos, mensajes a veces olvidados a pesar de su evidencia. Pero yo soy una mujer de 1812 y solo puedo observar, no opinar. Mi hijo Tomás desfila nuevamente, y cada vez le sienta mejor el uniforme de Voluntario Distinguido. También intervino el coordinador para el bicentenario de la independencia de México, el doctor Enrique Márquez. Gracias a sus palabras supe que la Plaza del Zócalo en Ciudad de Méjico, se llamó realmente Plaza de la Constitución de Cádiz. Me encantan los actos oficiales, siempre encuentro interesantes las secuencias.
Antonio, con traje de macero, porta el libro de la Constitución y lee los tres primeros artículos de ésta, con voz firme, segura y clara. Por esas frases estamos allí, casi doscientos años después un día como hoy. Voluntarios Distinguidos, miembros de la Unidad de Música y Voluntarios Artilleros de Puntales, rinden honores. El himno nacional remata la ceremonia por si hay dudas.
Regreso del pueblo al baluarte, entre saludos por la calle de gente conocida y familiares. Pero mi marido y yo preferimos finalizar en Santa Catalina. “La marcha de Cádiz” ambienta la entrada en la fortaleza y añade orgullo de un tiempo pasado. Y a continuación, la formación militar recreada para el Bicentenario, cierra su propio acto de despedida con música y toque de oración. El patio del Castillo se emociona y se reencuentra a sí mismo. Hay viento del sur, marea baja y olor caletero. Se ensanchan los pulmones respirando el mar lejano y nuestro. No podemos volver dos siglos atrás, pero sí soñarlo y disfrutarlo. Gracias a este proyecto, hoy soñamos nuestra historia. En Cádiz, hoy tuvimos un sueño.