Ni un buen plato de arroz me habría hecho disfrutar tanto como el rato que pasé ayer en la manifestación convocada en Sevilla (y en las demás capitales andaluzas) por los Sindicatos contra la nueva ley sobre la jubilación, o mejor dicho, contra los planes del Gobierno de retrasar la jubilación obligatoria hasta los 67 años, reformando así el sistema de pensiones.
A pesar del poco “calentamiento” que hubo en los días previos hacia la gente por parte de los sindicatos, lo cierto es que la manifestación logró reunir a miles de personas en Sevilla, aunque el hecho no se haya recogido por igual en los distintos medios de comunicación, como siempre. En mi descargo he de decir que previamente a la cita, esa tarde tuve que hacer la compra semanal, preparar un caldo de verduras, redactar una nota de prensa para la asociación con la que colaboro y dejar puesta una lavadora.
Creo que el tema de trabajo-jubilación-prejubilación parcial está lleno de contradicciones, polémica e injusticias. Llevo años viendo prejubilarse a gente con menos años de cotización que yo, que se van tan ricamente a su casa, en el mejor momento de su vida. Y comienzo a recordar que llevo la friolera de 38 años aportando mi cuota ininterrumpidamente a la Seguridad Social (sí, 38 años, empezando con el uniforme del instituto), con tres bajas: dos operaciones que no llegaron al mes y un parto como costes únicos al sistema. Y ahora me vienen con la amenaza de retrasar mi jubilación, cuando creo que ya les he pagado el descanso a muchos.
Agresión a los trabajadores, absoluta desigualdad y sobre todo falta de respeto. Además, los cocineros no nos jubilamos nunca….por eso a la vuelta de la manifestación me tocó hacer un arroz para el día siguiente.
Es cierto que pertenezco a la generación que escogía puesto de trabajo, no como hoy dónde eres seleccionado entre muchos aspirantes. Es cierto que no he conocido el paro como muchos de los de mi tiempo. Es cierto que soy una privilegiada como trabajadora fija. Pero también es cierto que al igual que muchos otros, hemos hecho historia, comenzando a trabajar cuando todavía éramos adolescentes, y que esa circunstancia nos hizo perdernos los mejores años de irresponsabilidad, de diversión, y nos hizo sufrir los peores madrugones en mañanas de frío y lluvia. Somos trabajadores que amamos nuestra dedicación, que hemos sufrido y disfrutado los malos y buenos momentos, y que sobre todo, aún conservamos la ilusión por aprender y por descubrir tal vez buenos amigos y gente valiosa entre nuestros compañeros, porque los malos y mediocres también han pasado a nuestro lado.
Vida laboral vivida intensamente, entre algunas lágrimas y mucho estrés, en la que imaginarnos un horizonte de jubilación se nos hace difícil y a veces temible, porque eso nos evoca la vejez. Pero nunca aceptaré que un gobierno quiera jugar con nuestras esperanzas, haciéndonos pagar en años de trabajo los errores económicos de los de siempre. Está claro que el que trabaja mucho solo consigue que le den más trabajo.
Maravillosa tarde de manifestación, donde una se siente como lo que es: anónima y distinguida trabajadora. Y respeto para los que se han quedado sin trabajo ante la desesperación de no poder hacer nada, y honor y admiración para los que simplemente trabajan, en el mejor sentido de la palabra.
Y para muestra, el Chiste de Mel, aparecido en Diario de Cádiz.