Para que los niños se acostumbren a comer bien, es fundamental el consejo del médico o pediatra, que dará las pautas adecuadas para la introducción de alimentos en los bebés.

Buscar los infinitos modos de preparar la verdura: desde el gazpacho en el verano como entrante, con buenos tomates y buen aceite y vinagre; y en invierno, un buen pisto hecho en crudo con tomate frito casero (que casi nadie hace) y que aporta todas las vitaminas y un sabor excelente. De hecho el pisto puede ser la base de una “pizza especial”, con mollete y huevo frito. Espárragos trigueros salteados o judías verdes con patatas cocidas, aliños de todas clases, y sobre todo riquísimos purés cremosos con nata líquida (calabacines con puerros), o pastel de verduras hechos con huevo y hortalizas ralladas en el horno, aportan sabor y colorido al plato. El último recurso sería un buen potaje de garbanzos con verduras, o incluso un arroz bomba con verduras, que al día siguiente y al otro están aún mejor; y por qué no unas berenjenas rellenas de arroz. La verdura no tiene límite en preparación, sabor, diversidad…son excelentes.

Pero siguiendo con las dificultades, creo que la gente es poco exigente con la comida, tiene otras prioridades, se prefieren los alimentos solo por el sabor….y en las fruterías se compran muchas patatas…

En resumen: falta información, voluntad y autoridad en las familias para comer de modo saludable. En los carritos de la compra hay pocas verduras. Se necesita imaginación para buscar recetas atractivas. Hay abuso de patatas, que están desplazando a las verduras. Se cocina poco cuchareo, y se buscan desesperadamente sabores agresivos, artificiales. Es necesaria una reeducación del paladar para las verduras. Falla la cultura de cocinar a diario, con los mejores ingredientes –que no siempre son los más caros- y de poner en valor lo que comemos, pues de eso dependerá nuestra salud y nuestra calidad de vida.

Una web para la comida infantil: pequerrecetas