El pasado miércoles, no recogí la cocina, y tendí la ropa de la última lavadora antes de cenar. Y a las diez estaba yo frente al televisor (cosa rara) con uno de mis cuadernos de notas para no perderme nada del programa Comando Actualidad, titulado “Aquí hay tomate” que ofreció la TVE-1 sin anuncios. Al día siguiente, todo el mundo hablaba del programa; efectivamente, a la gente el precio del tomate, y de los productos agrícolas en general, le importa y mucho, pues no comprende cómo se multiplican tantas veces del campo a la mesa….

Muchas preguntas titulaban el reportaje: ¿Se vende nuestro tomate más barato fuera de España?, ¿es posible comprar verdura a precio razonable? ¿son culpables los intermediarios del encarecimiento? ¿Sabemos comprar y ahorrar?

Se dice que el tomate multiplica su precio en un 500% desde el campo al consumidor, pasando de los 10 cts. A los 2,5 euros kilo. Incluso el tomate Raff (el pata negra), se paga en origen a 0,50 y luego en su bandejita no baja de los 6 euros el kilo, igual que con el tomate sherry. Lo primero que uno dice es que esto es una vergüenza.

El reportaje tomatero ilustró magníficamente los sucesivos valores añadidos como costes al tomate, concretamente en Almería, principal productor: el campo (mano de obra, instalación de plásticos, sistema de riegos, polinización con abejorros y recogida), es decir, el más largo y laborioso proceso, recibe por 500 y pico kilos de tomate, unos 82 euros. (Qué horror!). Dice el hortelano que sufre la competencia de otros tomates, y que además los que no se venden por algún mínimo defecto, se tiran (me parece imperdonable…). Hablan de llevar bastantes años malos.

Sale el tomate del campo hacia la comercializadora, un inmenso almacén, que supone en gastos un 8-9%, para ser subastado al día siguiente; se trata de un negocio inestable, inseguro, los precios apenas cubren costes; aparece el corredor, intermediario o comprador para grandes superficies, que dice cobrar 2 de las antiguas pesetas por kilo…para ofrecer a sus clientes el tomate (éste cobra bien). Y seguimos sumando, porque el Merca incrementa aún más el coste. (Y se tira lo no vendido…)

Y otro agente: el transportista, camión que cobra su trabajo, mientras se queja de la competencia de nuestro tomate con el de otros países… Y otro más: el mayorista, quien luego vende a los minoristas, previa lógica comisión. Y el frutero, que también echa muchas horas en su negocio, nos vende el tomate a 1,80 euros el kilo, eso es lo que paga el consumidor.

Hasta aquí el modelo actual tomatero, pero aparece otro sistema: la cooperativa. Con campos sin cámara, abono de estiércol de vaca y precios pactados, consiguen que el consumidor sea consciente del esfuerzo que tiene un huerto; el agricultor se asegura un sueldo de 900 a 1000 euros/mes, pagas y vacaciones, que es poco pero es muchísimo, y se autodenominan funcionarios del campo, pues no trabajan por la tarde. Aquí ofrecen un producto de buen sabor, sobre todo en la verdura. Compran por grupos y enseñan la huerta a la gente, incluso organizan catas. Aquí se conocen productor y cliente, disfrutando de su relación, mientras se está cuidando la tierra, lo que no es frecuente…
En resumen, el tomate viaja demasiado y sufre excesivas manipulaciones, yo diría que incluso es maltratado, y en realidad ninguno de los agentes que intervienen aquí es más culpable que otro, simplemente cobran por su trabajo. Pero después de todo eso, lo que nos llega es un producto de buen ver –a veces- pero de poco sabor –casi siempre- . De ahí que la cooperativa sea la gran alternativa para favorecer al agricultor y al consumidor, ya que el segundo apreciará el trabajo del primero, conocerá su esfuerzo y aprenderá a amar la tierra, cosa poco probable en la compra realizada en un hipermercado.

El reportaje –muy bueno- de la tele pública nos mostró la realidad de las leyes que rigen el mercado tomatero, donde además ejercen el poder las grandes superficies, complicando aún más las cosas. Pero yo, como consumidora, solo aspiro a saborear el tomate y las verduras, y a que me “claven” en el precio lo menos posible. A ver si alguien arregla esto. De momento, plantaré una tomatera en mi terraza. Estoy con los agricultores.