Este señor ha sido borracho conocido, maruja regordeta, rico podrido, lacio de nacimiento, pijo presumido, modisto para la calle, agente de bolsa de lo que diga su mujer y el año pasado fue enterao, y todo lo hizo muy muy bien. Hoy fue además un pregonero del Carnaval hecho bloguero por la gracia de Diario de Cádiz, con el título –El Diario del Pregonero-. Y una que pasaba por allí, pues no pudo resistir la tentación de compartir un flash, un segundo de cercanía fotográfica, al fin y al cabo hace muchos años que no veía tan de cerca a José Luis García Cossio (Selu en Cádiz), y chirigotero real como la vida misma.

La pregunta excusa: «¿Cuál es tu comida favorita?. Es que algo de gastronomía tendré que poner en mi blog…» y la respuesta: «pues a mí antes solo me gustaban los huevos con papas, pero ahora me encantan los guisos, las berzas, el pescado frito, en fín, que en casa comemos de todo»…. «Pues nada, que entonces me sirves como personaje para Comeencasa, porque das buen ejemplo».

José Luis García Cossío, director, letrista e intérprete de chirigotas de Cádiz desde hace muchos años, alma de tipos señeros y famosos en su curriculum, y ganador de primeros premios del concurso de coplas del Falla, fue vecino allá en nuestra infancia, en la misma calle. Conoce a mis hermanos y por supuesto recuerda a mis padres.

Este año Selu será el pregonero del Carnaval de Cádiz, en un acto que tendrá lugar el próximo sábado 13 de febrero en el escenario habitual de la plaza de San Antonio. Promete hacer un recorrido en su pregón por los muchos tipos creados, muy cercanos al gaditano medio. Y en su blog, se podrán encontrar secciones como “Las papas hay que comerlas guisás, guisás, guisás…”, dedicada a la gastronomía. Su recién estrenada bitácora hablará de carnaval y dará entrada a las opiniones de la gente de la calle.

Pero hoy nuestro tema de conversación con Selu fue más atrás. Recordamos años en los que todos éramos pobres, en que vivíamos con lo justo, pero en los que nos reíamos de todo, porque la infancia era libertad de jugar en la calle, mientras que se respetaba a los mayores. Y también hemos recordado a aquel policía municipal con bigote que requisaba el balón a los niños por jugar o “embarcar” la pelota, y que se llamaba Francisco Franco. Cosas del destino. Luego, mi madre iba a las oficinas del Ayuntamiento, redactaba un escrito de descargo y pagaba una multa de 25 pesetas para recuperar el balón. Contaba mi madre la cara de asombro del funcionario municipal al ver su texto sin faltas de ortografía… en fín, que me alegro de haber comentado con un antiguo vecino del barrio todas estas cosas pasadas, independientemente de que además sea tan famoso y conocido en el mundo del Carnaval.