Mi amigo bloguero Casa L (Manuel Casal) me envió hace algún tiempo este reportaje de una salida gastronómica al restaurante marroquí Arabia. Da gusto tener corresponsales como él, que tengan el detalle de enviarnos el trabajo hecho -texto e imágenes-. Gracias Manuel.
«Había que sacarlos a cenar. Trabajan mucho, cuidan mucho de sus hijos y hacen mucho deporte. Y al día siguiente, trabajan mucho, cuidan mucho de sus hijos y hacen mucho deporte, así que decidimos llevarlos al Arabia, uno de los mejores restaurantes marroquíes de Madrid, situado en la calle de Piamonte, número 12.
Desde el punto de vista estético, el lugar está decorado de manera bastante simple, pero resulta muy bonito. Cuando no hay mucha gente, suena la música árabe al nivel que la suelen poner los árabes, es decir, sin que moleste. El problema de esto es que cuando el local se llena, casi no se oye.
En cuanto a la comodidad, el Arabia es un pequeño desastre. Unas sillas mastodónticas, pesadas e incómodas o bien unas mesas bajitas con cojines para comer en el suelo son las opciones que ofrecen.
Pero allí no se va a descansar, sino a comer y eso es lo que merece la pena destacar de este magnífico restaurante. A pesar de su título, lo que sirven es cocina marroquí, bien hecha, con sencillez, pero con mucho estilo y con mucho gusto.
Probamos, como entrantes, Zanahorias confitadas al comino con canónigos, Crema de queso con tomate natural y pepino y Crema de berenjenas al vapor con tomate. Se acompañaban con pan de pita. Todo riquísimo. Las cremas, estupendas, con un intenso sabor a especias, pero que no molestaba en absoluto, sino todo lo contrario.
De segundos, compartimos dos Cous cous, uno de pollo con verduras y albóndigas y otro de cebolla confitada y frutos secos. Ambos en su punto, con las verduras un poco al dente y las albóndigas jugosas y sabrosamente especiadas. También pedimos un Cordero con miel y piñones, que a alguno le pareció superior, y el que fue el plato estrella, la Pastela de pollo y almendras. Estaba elaborada con una pasta finísima, cubierta con azúcar glas que contrastaba con el sabor del pollo. Sólo con este plato ya nos quedaron ganas de volver.
De postre unos dulces de hojaldre con pistachos y miel y otros de sémola con frutos secos, todos ellos muy ricos. Y un estupendo té verde con hierbabuena y piñones.
La factura fue de 87 euros. Comimos cuatro personas y bebimos vino tinto, cervezas y agua. Un precio casi impensable para la calidad de lo que comimos y para los precios que circulan por los restaurantes madrileños.
Arabia es un restaurante muy recomendable, que abre sólo para cenas, de martes a domingo, y, para comidas, los sábados y los domingos. Conviene reservar, porque se llena con frecuencia».