El vino: abrimos la botella, aunque teníamos otra de tinto extremeño (Tentudía) a la mitad. Pero nos decidimos: la Nochebuena lo merece. Y en cuanto estuvo en nuestras copas tuvimos claro que era algo especial: un vino de alta capa, color rojo de glamour, con olor a frutos del bosque, de cuevas y pura ecología. Las copas, junto a la vajilla, fue el regalo de los compañeros por nuestra boda. ¡Qué buen regalo!. Y comienza el taperío con buen pan y rodajas de caña de lomo.

El pescado: la primera cata fue en la cocina mientras se disponía el pescado, tarea no exenta de temor ante el riesgo de un plato nuevo, por sencillo que sea. Me doy cuenta de que ignoro muchas cosas de la cocina, como sus técnicas por ejemplo; pero bueno, me armo de valor, tirándome al ruedo, como si en el éxito de una receta me fuera la vida. Merluza en salsa verde con almejas, que no es para tanto, dirán algunos… Se trata de mover la cazuela con las manos para que ligue la salsa.

El vino: no vamos a cambiarno al fino, seguiremos con el tinto recién estrenado. Y de paso, le explicamos a nuestro hijo los pasos de la cata, y exponemos los preliminares de la misma, tal como el sumiller Pedro Pérez o el bodeguero Chano Aragón, porque con ellos hubo un antes y un después al afrontar una copa de vino. Y éste es excelente… ¡qué bueno sabe este vino cuando se bebe en la propia cocina, desordenada, con la lavadora funcionando, pero laboratorio de un experimento gastronómico navideño a pequeña escala….!
El pescado: con sabor a pescado y punto; Arzak llevaba razón, no era necesario añadir caldo, pues se perdería el sabor autóctono. Y la salsa ligó bien, y las almejas se abrieron a su tiempo. Y la cazuela respondió. Y conté con un equipo de ayudantes metido en la cocina. E hicimos la foto, tal como prometimos. Y en la fuente quedó de maravilla, y el lavaplatos empezó a llenarse….
El vino: varias veces llenamos las pequeñas copas, pero su vista, aroma y sabor armonizaba con el ambiente, enriqueciéndolo. Y, brindando, nos dimos cuenta de que volvieron las sensaciones del pasado, empezando por recordar la música de los 70-80, la mejor, y coincidimos ambas generaciones, pero sobre todo pudimos invocar con optimismo el futuro de nuestro hijo: los jóvenes amores, el desarrollo de los proyectos personales y el encarar los resultados… el vino es fundamental en nuestra vida: el que ha hecho éste –Fine Tempo- ha sabido transmitirnos algo fundamental: su esfuerzo, su cariño e ilusión, haciéndonos recordar lo mucho que hemos pasado y sufrido antes de llegar a este blog.
El pescado: seguía siendo bonito una vez emplatado, técnica que he de aprender, está claro. Su sabor era limpio, ligero y perfectamente compatible con los entremeses. Una buena y moderada cena la de pescado, la que hacía mi madre, la de las pescadillas que mi padre conseguía en el muelle –a mejor precio- y que dejaba en casa antes de empezar su trabajo por la mañana, ¡qué tiempos! Y que luego degustábamos conscientes del esfuerzo. El pescado es lo nuestro…
El vino: nos ha hecho más jóvenes esta noche, nos ha dado agilidad mental, nos ha aclarado las ideas, y hemos brindado por el futuro, porque el pasado ya tiene demasiados brindis. Con esta botella he comprendido que no es tan importante dejar la cocina recogida de cacharros antes de acostarse, y que eso puede hacerse mañana. Bendito estreno de merluza de Arzak y bendito vino tinto, aunque el maridaje no haya sido el más ortodoxo, pero uno apoyó al otro y nos recordó la obligación de dar las gracias.