Durante los últimos años hemos asistido a una escalada inmobiliaria meteórica en el entorno de las familias. Muchas parejas han comenzado su vida en común estrenando casas unifamiliares, cosa que antes se planteaba en la madurez vendiendo previamente el pequeño piso anterior ya revalorizado. Y también muchas familias han ido cambiando de vivienda habitual, ampliando metros y sustituyendo piso por casa. Los pueblos que rodean las ciudades están llenos de cuidadas urbanizaciones de casas pareadas, adosadas o unifamiliares.

Esos cambios de modo de vida y su correspondiente endeudamiento se han basado principalmente en la premisa de contar con dos sueldos: uno para pagar (hipoteca y gastos) y el otro para vivir, comer, vestir y consumir ocio. Todo ha ido muy bien hasta que llegamos a esta crisis. Hay casos en que los dos sueldos se han transformado en prestaciones por desempleo o en ayudas sociales del gobierno.
A partir de ahí, diariamente hay noticias sobre las consecuencias económicas y sociales en las familias debidas a la crisis. Los titulares ponen los pelos de punta: “la atención a los sin techo crece un 30% en un año”,400 personas duermen a diario en las calles de Sevilla”, “Cáritas dice que lo peor de la crisis está por llegar”, “Los recursos para atender a los sin techo son insuficientes”, “las peticiones de ayuda a Cáritas crecen un 40,7%”. Está claro que hay mucha gente en España que lo está pasando realmente mal. Quedarse sin trabajo es angustioso.
Y de los dos pagos imprescindibles: casa y comida, hay quien prefiere pagar la hipoteca mensual con los exiguos ingresos que percibe y acudir a comer a los servicios sociales, bien en los propios comedores o bien retirando los productos necesarios para preparar la comida en casa. Pero también hay quien ha acabado en la calle totalmente desesperado.

En Cádiz se ha creado una plataforma coyuntural de ayuda las familias, para encauzar las aportaciones de personas preocupadas por la situación que atraviesan otras muchas, salvaguardando siempre la intimidad de los afectados, y en coordinación con Cáritas parroquiales, Área de Familia del Ayuntamiento y asociaciones de madres y padres de los colegios gaditanos.
Familiares que ayudan a los suyos o entidades sociales que cubren carencias básicas, están dedicados fundamentalmente a solucionar la alimentación de adultos y niños; el plato caliente diario es imprescindible. Estoy segura que los beneficiarios de estos servicios valorarán mucho más la comida que reciben ahora gratis. Solo espero que esto acabe pronto, y puedan volver a comer en sus casas, además de pagar la hipoteca. La casa es la autoestima básica y la comida es la salud. Y ambas cosas son muy importantes.