Calidad, corazón y técnica. Eso dice el libro “Saber del sabor”, escrito por Almudena Villegas, del que ya he hablado anteriormente. Estos son los tres pilares en los que se basa la cocina y evidentemente cada uno cumple su función, aunque no siempre los tres estén presentes al cien por cien.
 
La calidad de la materia prima es importantísima, pero mucho más –creo yo- cuando se trata de un cocinero/a inexperto, con pocas horas de fogón y una gran inseguridad ante el binomio cazuelas/fuego. Recuerdo que cuando me gustaba alguna comida en particular probada fuera de casa, sentía deseos de hacerla y, claro, el modo de asegurarme el “mínimo éxito” era preparar aquella receta con el material de mayor nivel. Así tenía la confianza de conseguir un plato al menos comestible que ocultara mi desconocimiento en la ciencia culinaria. No obstante, la calidad sigue siendo para mí un requisito indispensable.
 
El corazón, es el arte, el duende que pone el cocinero en cada preparación. Creo que con él se nace pero también se hace, porque incluso llega a descubrirlo a lo largo de la propia vida, tras pasar mucho tiempo en la cocina y poner interés, elemental en una tarea de tanta responsabilidad como cocinar. El caso es que el corazón o el arte en la cocina es lo que se transmite al comensal, al que recibe el plato, o incluso antes, desde la propia cacerola. Creo que el lenguaje de la gastronomía todo el mundo puede entenderlo, aunque unos tengan más sensibilidad que otros.

Y por último, la técnica culinaria que según Almudena Villegas en su libro es el “salvoconducto para el cocinero creativo”, pues una técnica perfecta garantiza el éxito al 80%. Pero, recuerdo haber probado platos excelentemente preparados en cuanto a texturas, salsas y proporciones, y cuyos ingredientes eran más bien mediocres, por no decir malos. En estos casos, cualquier cosa que se les añadía como las especias, ponían en evidencia la mala calidad. Así que yo lo de la técnica lo pongo en cuarentena.
 
Después de leer las teorías del libro, tengo claro mi convencimiento de la importancia del factor calidad, de que las técnicas las voy aprendiendo gracias a este blog y de que el corazón –no sé si el arte- debe impregnar el aire de la cocina a todas horas, pues de lo contrario hace tiempo que yo habría dimitido de las funciones cocineras, y me habría ido directamente al sofá a leer algún libro y no precisamente gastronómico.

Tres cosas hay en la vida: salud (calidad), dinero (técnica) y amor (corazón). La cocina es la vida misma.

(Escribir este post me ha llevado el tiempo de cocer albóndigas en tomate frito para el primer plato de mañana….)