Él como sus compañeros, realizan una tarea importante: seleccionar los alimentos que nos llevaremos al cuerpo a modo de nutrientes. A pesar de su aparente discreción, este simpático carrito tiene criterio propio. Trabaja en la nómina de un gran centro comercial en una ciudad cualquiera y es el símbolo de la compra a motor.
P.- Buenos días: díganos su nombre por favor y su función en este supermercado
Hola, soy Pepe Carrillo, (mis colegas me llaman Pepito), trabajo aquí desde la apertura al cierre sin pausa para el café y tengo cinco años –la vida media de un carrito como yo son diez años- por lo que yo estoy en lo mejor de mi vida. A mí me fabricaron en Zaragoza, aunque me inventaron en Oklahoma en 1936. Tengo claro que soy un producto de la modernidad, pues soy intermediario entre las estanterías del hipermercado y el vehículo, hasta ahí llego. Últimamente al menos me han puesto precio de rescate (entre medio y un euro) pues antes la gente me abandonaba sin ningún escrúpulo en medio de los aparcamientos.
P.- ¿Le gusta su trabajo?
Muchísimo. Los carritos facilitamos la selección de productos al consumidor, aunque nunca opinamos sobre cómo lo hace. Por eso hoy agradezco a Comeencasa que me haya dado esta oportunidad. Lo cierto es que cuando me prepararon para mi tarea no me hablaron de que tendría que llevar productos poco saludables para el hombre, o sea, que no contaba con eso. Como tampoco contaba con tener que trasladar miles de botellas de alcohol malísimo las noches de las barbacoas del Trofeo Carranza en Cádiz. Esto es lo más cutre que me ha pasado…

P.- Cómo ve vd. la compra de los españoles?
Bueno, solo he trabajado en Andalucía Occidental y solo puedo hablar de esa zona. Pero lo cierto es que estoy muy descontento: la gente compra para consumir al momento, con rapidez, sin esfuerzo, sin tener en cuenta lo que lleva a la mesa. No piensan que hay que elaborar los alimentos, trabajar la materia prima, dedicándoles horas a la cocina, es la llamada cultura del poco o mínimo esfuerzo.
P.- Pero vd. es el testigo de la compra familiar….
Es cierto, pero precisamente por eso consigo información para analizar los hábitos de compra; y aunque es posible que adquieran en otro sitio carne, pescado y verduras, la verdad es que me sobrecargan con demasiados envases, botellas de refresco y lácteos para las «supuestas defensas» (¡qué cosas!), tal vez por su indudable atractivo momentáneo, como el amor a primera vista…. El caso es que a veces me miro cuando estoy lleno a tope y me pregunto: ¿y qué pondrán para comer esta buena familia mañana y pasado?, porque un potaje o un guiso seguro que no….
P.- ¿Qué tal lleva la crisis?
Hombre, está claro que mucha gente lo está pasando mal, pero eso no influye en que tengan o no malos hábitos. Estoy convencido de que comer bien no es tan caro como parece, ya que se necesita el valor añadido de la elaboración propia del cocinero, cosa que no tiene precio. Echo de menos una mayor humanización de la compra, con más productos frescos y saludables. Ya habrá notado que soy muy sensible.

P.- Explíquenos eso por favor…
Mi antecedente es la bolsa clásica, que parece haberse quedado ya en desuso. Pero yo he aprendido mucho de ella, de su filosofía: comprar para la salud y el bienestar. Yo solo voy del “hiper” al coche familiar, pero en ese tiempo me he dado cuenta de todo, de lo que va a comer esa familia, de cómo se llevan entre ellos, y de lo bien o mal educados que tienen a sus hijos. Le aseguro que a veces me echo a temblar. ¡Ah! Y también me entero de las claves de algunas tarjetas de crédito, aunque yo soy una tumba…
Los carritos somos un producto consumista pero seguimos teniendo corazón y sentimientos. Y es difícil no involucrarse en el proyecto alimenticio familiar. Es que no está de moda hacer las cosas bien, sino rápidas. Me molesta la gran cantidad de productos envasados, porque a veces contienen cantidades excesivas, que provocan tirar la comida, un auténtico crimen.
P.- ¿Cuándo disfruta Vd. más?
Me encanta llevan en mi trampilla a los niños pequeños, que acompañan a sus padres a comprar, aunque algunos estén muy consentidos. Y también quiero recordar que a veces sirvo para llevar las pertenencias de los sin techo, convirtiéndome en el portador de su pequeño hogar, en su compañero. Los carritos siempre somos muy útiles.
Y mi sueño: volar, volar como en la pelí ET. Viajar hacia países que dependen de centros de nutrición, de comedores colectivos para sobrevivir, y que mi carga nunca se acabe…. Este es mi sueño al cerrar el hipermercado, mientras duermo tranquilamente entre el silencio y la oscuridad, alineado entre los demás, esperando al día siguiente, oyendo solo la radio de los vigilantes nocturnos. Aquí va mi canción favorita.