Gracias al Diario de Cádiz he podido reunir una serie de cacharros de silicona, entre los que están estos magníficos cubiertos de cocina. Digo magníficos porque son fuertes y al mismo tiempo delicados con sartenes y cacerolas, pues nunca los rayan. Ya están colgados en la pared y han quedado estupendos. Son muy disciplinados y conservan perfectamente la formación. Así me gusta, atentos a las órdenes del cocinero….
Llevaba tiempo preocupada por eso de confitar el bacalao, es decir, prepararlo de modo que salga la gelatina sin que llegue a cocer. Para ello es imprescindible alcanzar y no sobrepasar una determinada temperatura. Y un termómetro es la respuesta. Sí, ya sé que es el colmo del pijerío en la cocina, pero no he podido evitarlo. Ahí está, dispuesto a velar por los grados necesarios de calor. Y lo de preparar el bacalao al pil-pil queda dicho para lo antes posible en el blog.
Y este especiero de cristal y alpaca me lo regaló mi tía Manoli, que de vez en cuando aprovecha mis visitas para obsequiarme con estas reliquias de la cocina –todas de buena calidad- que sabe que me encantan. Éste especiero tiene más de cuarenta años y es precioso. Contiene seis botes pequeños de cristal. Yo los he rellenado con las especies más frecuentes: orégano, comino, pimienta blanca, clavos, pimentón y pimienta de Jamaica (llamada también madreclavo), recomendada por mi amigo Mariano, un sabio de las especias.
Esta cocina crea constantes inquietudes. Nos obliga a estar alerta sobre cualquier nuevo invento o cacharro que pueda contribuir a mejorar las técnicas cocineras, la presentación de la comida hecha, la formación cultural que aportan los libros de cocina o un toque de belleza al ambiente. Teoría y práctica; todo es poco para experimentar, para probar, para intentar o para descubrir. Es una humilde cocina casera, pero como tantas otras, es todo un laboratorio de ideas, con aspiraciones de llegar a ser de utilidad para alguien.