Ha sido una receta multicultural, pues llevaba las variedades ramillete (de Murcia), Kumatos y Muchamiel, es decir, los que nos trajimos cargando desde Puerto de Mazarrón. Pero he aquí unos tomates que lograron una mezcla inolvidable, en la gran fiesta tomatera que es el gazpacho, objeto de culto en comeencasa y que ahora llega el momento de su despedida anual.

Pero echamos la baraja, nos despedimos hasta la primavera si Dios quiere, porque el tiempo –aunque todavía algo cálido- nos está presionando y nos acerca castañas y nueces tosanteras, imponiéndose otros entrantes más entonadores. El gazpacho soluciona mis primeros platos de abril a septiembre con gran éxito de público y crítica, eso hay que decirlo, aportando múltiples vitaminas y antioxidantes, y todo ello sin pedir nada a cambio, sin presumir de haberlo hecho.
Por si a alguien le interesa, mi gazpacho consiste en: tomates 1 kg, 1 pimiento verde, 1 diente de ajo, una cebolleta fresca, sal, un chorreón de vinagre reserva –de Jerez o de Bollullos del Condado de Huelva- y dos buenos cacitos de aceite de oliva virgen extra. Por supuesto, no lleva agua.
Durante la temporada el gazpacho recibe en la mesa toda clase de honores, homenajes y piropos, al mismo tiempo que escucha el relato de las jornadas de mañana. Además, comparte su imagen con otras elaboraciones: de fresas, de cerezas, de pimientos, etc. y todo ello sin perder su dignidad. ¡qué pedazo de receta tenemos los andaluces!, ¡vuelve pronto señor Gazpacho!