Aquí deberíamos jugar todos. El universo de los alimentos milita en una eterna liga que acompaña al hombre, lo hace crecer, madurar y hacerse más sociable. Pero cada alimento por su lado, aunque sea un fichaje caro y traiga un maravilloso curriculum en origen, nunca garantiza el éxito en los resultados, que es alimentar equilibradamente al hombre, para salvaguardar su salud.
Una carne de primera, un pescado fresquísimo de caña, una verdura de huerto ecológico, todos de la mejor familia, no son nada sin el juego de conjunto. Cada alimento por separado aporta sus habilidades o propiedades alimenticias y nutritivas, pero puede perjudicar a alguna función del sistema operativo del cuerpo humano, bien por quedarse corto o bien por sobrecargar la función de los órganos vitales.
En resumen, el equipo formado por los productos con calidad, buena elaboración y distribución variada y constante, -un menú equilibrado- constituye nuestro mejor dream team para estar bien alimentados, que de eso se trata. Las proteínas, en el papel de delanteros no son nada sin los defensas verduleros, pero tampoco sin los guardametas de las frutas, que frenan enfermedades y carencias. Las fibras –tan necesarias- constituyen el césped sobre el que transcurre el maravilloso juego –más bien milagro- de la alimentación. El balón es la salud, objetivo a dominar. Los ultras son la comida basura y la falta de cariño en la cocina.
 
No hagamos trampas, HAY QUE COMER DE TODO, presentado siempre en equipo y sobre un césped bien mantenido, y por supuesto, a sus horas. Los partidos tienen su horario y su duración. El seleccionador es imprescindible, léase el cocinero, quien marca las pautas del juego. La liga del comer es apasionante, y como todas las ilusiones humanas, debería estar al alcance de todos, por encima de las divisiones o categorías que algunos se empeñan en establecer.
 

Pie de foto: un equipo de “barrigones” en pleno partido de fútbol playero-dominguero-gaditano, todo un ejemplo de espíritu deportivo en la madurez.