Bebidas a 1 euro y tapas a 1,50 euros, en la Feria de la Tapa de Huelva, en su XIII edición, instalada en las carpas de la Avenida de Andalucía. Un total de 12 establecimientos –de la capital y de la provincia- ofrecieron sus mejores platos los días 30 de septiembre al 4 de octubre, organizada por el Ayuntamiento de Huelva.

A eso de las dos de la tarde aparcamos el coche frente a la Feria, con un día muy soleado y caluroso. Y a pesar de la muchísima gente que había bajo la carpa, hay que resaltar la excelente organización en los “stands”, al tener preparadas las tapas de su repertorio en el mostrador para servir en cuanto se iban pidiendo, reponiendo entonces la comanda y evitando la mínima espera. Era una Feria de la Tapa sin estrés, como le gusta a los de Huelva.

Comenzamos con “La Hostería del Condado”, de Villalba del Alcor, que nos puso unas berenjenas El Condado: berenjena rebosada con una loncha de bacalao confitado y cubierta de salmorejo. Geniales. A continuación, no pudimos resistir la tentación de probar las patatas rocieras: patatas fritas a taquitos con piel, y cubiertas con una salsa de ajitos. Estaban estupendas.

Continuamos la marcha por la Feria, que iba llenándose de gente: familias con niños y gente joven enrollada, compartieron con nosotros el barril que hacía las veces de mesa para bebidas y platitos. Incluso nos dieron a probar sus croquetas, fraternidad taperil choquera que se llama eso.
Tras adquirir más tickets, “El emigrante”, de la localidad de Encinasola, nos ofreció un solomillo ibérico al Pedro Ximénez, riquísimo y un bacalao encebollado bastante digno. No olvido el choco choquero en salsa verde ni los buñuelos de bacalao.
Otros puestos interesantes instalados en esta Feria de la Tapa onubense fueron el de aceite Olibeas, con el plato de aceite junto al pan de pueblo para mojar y degustar; los quesos de romero de La Granada de Riotinto, y el jamón jamón, gran símbolo gastronómico de Huelva. Por último, compramos arroz con leche y rosquillas elaboradas por la Asociación Cruz de la calle Malta, de Lucena del Puerto, que no daban abasto y llevaban reponiendo diariamente sus existencias, a base de currar, claro.
Nos quedaron muchas tapas por probar (las albóndigas de choco, los montaditos ibéricos, las espinacas con garbanzos y gambas….), y tampoco pedimos vino (por ejemplo, un Privilegio del Condado) pero nos llevamos una buena impresión general de la Feria. Este tipo de eventos suponen un agradable encuentro familiar y social, una degustación colectiva de excelentes platos y a buen precio, y seguramente un respiro para el cocinero/a de la casa, lo que es de agradecer. Además, se aprenden detalles gastronómicos. Y Huelva tiene un gran potencial gastronómico.