Hoy por fin me acordé de llevar al supermercado las bolsas reciclables que tenía compradas. Ya las amables cajeras me han avisado de que a partir de noviembre no se facilitarán más bolsas de plástico. Y me parece bien. Me he hecho con cinco bolsas, a 0,95 euros, muy resistentes por cierto y de mayor tamaño que las plastificadas. Con esas cinco bolsitas he logrado llevar casi toda la compra de la semana. Luego se doblan y se guardan cómodamente en una mini fundita que traen anexa.

Solo un 10% de las bolsas de plástico que consumimos los españoles llega a reciclarse. Se habla de que en los supermercados adquirimos, es decir, gastamos unos 16.000 millones de bolsas de plástico no biodegradables, que son cien mil toneladas de plástico que tardan cuatrocientos años en reciclarse. Por ello, el Plan Nacional Integrado de Residuos, aprobado por el Gobierno en diciembre de 2008, pretende disminuir su uso a la mitad en 2010 y llegar al cien por cien en un plazo no más allá de 2015. Países como China, Italia, Francia, Dinamarca, Irlanda o Suiza ya han tomado estas medidas.
Las bolsas de plástico no siempre acaban en el contenedor amarillo, como sería deseable. Las fabricadas a partir de materias renovables como la patata o el maíz se abren paso de manera decidida en un mercado, el español, que todavía consume demasiado las de usar y tirar. En Comeencasa ya explicamos cuantas bolsas habíamos ahorrado gracias a la iniciativa del Club de la Talega para el pan, que seguimos practicando.
Después de mi compra semanal, tan variada y completa, pagada cómodamente con mi tarjeta de crédito, no puedo evitar el recuerdo al pasar por la puerta del comedor social Virgen de Valvanuz en Cádiz, donde un letrero informaba de que en verano no se daban cenas, solo bocadillos. A la una abre el comedor, pero desde las doce de la mañana tres mujeres esperaban sentadas en el escalón a que abriera el establecimiento. Esto no es un problema medioambiental, sino de pura subsistencia.