Los consumidores en una gran mayoría eligen un alimento por su sabor, pasando de sus valores nutricionales o sus propiedades saludables, y esto es lo que hay, según un estudio reciente que analiza el comportamiento de los consumidores ante el etiquetado de los productos. Es decir, buscan sobre todo que sea agradable al paladar, y lo demás les trae sin cuidado.
Aunque la mayoría de los productos lleva información nutricional en el envase, al parecer, no suele leerse. Información que además detalla las calorías, proteínas, carbohidratos o grasas, así como la cantidad diaria orientativa que de ellos debe consumirse en términos de salud.
A mi entender, el sabor como principal criterio en la elección de alimentos lleva inevitablemente a anular otros factores más importantes; de hecho los alimentos precocinados llevan incorporados un gusto totalmente artificial y muy agresivo que engancha fácilmente sobre todo a las nuevas generaciones de consumidores. Y así, se van olvidando los sabores suaves, sencillos, básicos y elementales de verduras, frutas, legumbres o lácteos en nuestra alimentación, todos ellos importantísimos en la dieta saludable.
De todos modos, es cierto que el sabor es algo que es percibido subjetivamente por cada individuo, y que obedece sin duda a factores culturales y sociales. Pero también es verdad que a los niños se les puede educar en ciertas costumbres alimenticias.
Últimamente he vuelto a consumir yogures naturales (sin azucarar por supuesto). Y es que estoy harta de tanto sabor o trozo de fruta añadido que no es tal, haciendo que me olvide del lácteo en sí mismo. Cada alimento lleva su sabor y punto, y las excepciones digo yo que para los días de fiesta.