Está claro que merece la pena alimentarse bien. Con mis apuntes del curso de la Fundación IDEHS y el libro de José E. Campillo “El mono obeso”, del que hablé en su día, me gustaría llamar la atención sobre la influencia de la alimentación en las enfermedades propias de nuestra época, como la diabetes.

¿Qué es la diabetes? Sencillamente la incapacidad de “metabolizar” la glucosa de la dieta, de los alimentos. Es de dos tipos: el tipo 2 es la más frecuente (90% de los casos) aparece sobre todo en las personas adultas, (alrededor de 60-65 años), aunque recientemente se observa que está apareciendo en jóvenes e incluso en niños. En principio esta diabetes no necesita tratamiento con hormona insulina, al menos en sus comienzos, aunque es necesario modificar la alimentación. La diabetes tipo 1, poco frecuente, es la diabetes aguda que afecta a niños y jóvenes y siempre requiere insulina para su tratamiento.
 
Ambos tipos de diabetes tienen causas diferentes, pero tienen en común que en las dos se produce una alteración de la asimilación de los azúcares, especialmente de la glucosa; este azúcar no puede metabolizarse de forma adecuada por las células del organismo y por eso se acumula en la sangre. El libro “El mono obeso” lo explica así de bien.

 

Pero si es cierto, que si la diabetes tipo 2 no se trata correctamente favorecerá el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio. En la aparición de este tipo de diabetes influyen una serie de factores como el exceso de peso, sedentarismo y abuso de azúcares). Sin embargo, la diabetes tipo 1 no se puede prevenir.

 

La hormona insulina es una especie de “llave” en la homeóstasis de la glucosa, actuando sobre el tejido adiposo, tejido muscular e hígado. Es importante insistir en las alteraciones que provoca la falta de insulina; aumento descontrolado de glucosa en sangre (por encima de los 180 mg/dl), con la pérdida de glucosa en orina (glucosuria). Si esta situación perdura, se produciría la poliuria (excesiva diuresis), la polidipsia (sed aumentada), o polifagia (hambre aumentada).

 

Es importante hablar del índice glucémico en los alimentos, es decir, la relación entre el área de la curva (en forma de campana) de 50 g de glucosa y el alimento consumido. Aquí es muy importante la intensidad del cocinado. Carga glucémica es un nuevo término más específico, es la cantidad que va a dar de glucosa (poca cantidad aunque muy rápidamente).

 

Son necesarios los productos integrales en nuestra dieta, para que el pico sea mayor, para dar glucosa a medio plazo, por ejemplo, la pasta al dente, que tarda más por el corto cocinado, para ser más o menos rápido el proceso. Por ejemplo, el puré de patatas tiene ambas cosas: índices y cargas. Los envasados de zumos, con glucosa instantánea son el veneno de los jóvenes. Tienen pocas propiedades para reducir el índice glucémico.

 

Recomendaciones dietéticas: Se trata de comer bien y variado. Opciones recomendables: zumos naturales, cereales, verduras, evitar helados, no abusar de la mantequilla, moderar el consumo de sal, etc.