Aquí va una foto parcial de mi cocina en plena crisis de desorden o de normal desorganización, algo inevitable en ese momento por coincidir las bolsas de la compra sin vaciar, el cesto de la ropa sucia hasta arriba, y para colmo, las maletas sin deshacer todavía tras la vuelta del fin de semana. Con todo esto, entrar en la cocina se hace prácticamente imposible.
Para conseguir quitar tiestos de en medio, era necesario establecer un rápido y eficaz orden de prioridades; pero eso se dice muy pronto, porque este pequeño caos deja a cualquiera al borde de un auténtico ataque de nervios, sobre todo si se viene encima la hora de comer.

Una vez pregunté a unos amigos por dónde empezarían llegada esta situación de crisis en la cocina. Las chicas dijeron que lo primero poner una lavadora, para ir ganando tiempo, y que luego guardarían las cosas de la compra en su sitio, y por último, se dedicarían a deshacer maletas. Los hombres ni siquiera opinaron….
 
Ya sé que este post es puramente marujil. Pero estos marroncillos suelen darse muy a menudo alrededor de la cocina. Y la cosa es todavía peor cuando hay niños pequeños en casa, a los que hay que preparar la comida, dar de comer, bañar y acostar. Todo esto ocurre por la falta de tiempo con que vivimos el día a día.