Hoy había poco trabajo pues mañana comemos en la caseta de Feria. Por eso hemos aprovechado para gestionar una nueva entrevista en vivo que ilustre sobre la intensa vida interior de una cocina. Esta vez, acercamos el micro a un paño de cocina, quizá el elemento más humilde en el escalafón.
P.- Buenos días, ¿podría decirnos su nombre, su edad y cuál es su trabajo?
Me llamo Olimpio Claro, soy de fabricación española, lo que hoy es todo un mérito, y tengo alrededor de 15 años, nada mal para ser un paño de cocina de felpa. Mi trabajo es fundamentalmente secar los cacharros de cocina cuando no hay lavavajillas y enjugar las manos del cocinero/a cuando me requiere, haciéndole más cómoda su tarea y fomentando la limpieza entre cortes o mondado de ingredientes, es decir mi labor es meramente auxiliar aunque imprescindible en la cocina, donde jamás me aburro.
P.- ¿Y no cree que después de 15 años Vd. debería haber ascendido de categoría? ¿Quiere enviar algún mensaje al Sindicato?
El caso es que antes sí lo pensaba, sobre todo cuando supe que eso de llamarle a uno so trapo era poco menos que un insulto. Pero, fíjese, la spontex y el estropajo que también tienen sus añitos hacen un trabajo mucho más penoso. Yo al fin y al cabo intervengo para secar materiales que están ya limpios, lo que me permite –con la colaboración del cocinero- mantener una imagen más o menos presentable durante la jornada de guisoteo. Mis compañeros lo tienen más duro. Eso pasa siempre en la vida, nos creemos los más desgraciados y sin embargo hay otros mucho peores….Y en cuanto a lo del sindicato, vamos a dejarlo, no vaya a ser que me reciclen en una pancarta para cualquier manifestación, que son capaces con lo tiesos que están.
P.- Entonces, ¿está Vd. orgulloso de su función en la cocina?
Pues la verdad es que no me puedo quejar, al menos en Comeencasa, donde suelen ser razonablemente limpios, me cambian todos los días por principio, me lavan con los manteles o sábanas en la lavadora y a 40 grados de temperatura y suavizante; además me planchan y me guardan en un primoroso cajón. Como comprenderá, tal como están las cosas y con la gente tan cutre –bueno, poco cuidadosa quiero decir- que hay por ahí yo me puedo dar con un canto en los dientes; la verdad es que me conservo muy bien para la edad que tengo. En otras casas no habría durado ni un año, estaría con mal color y lleno de agujeros; hay gente pá tó.
P.- ¿Cuáles son sus vivencias en la cocina, qué conclusiones saca de ella?
Pues después de mi experiencia durante los años trabajados aquí, creo que la higiene en la cocina es fundamental, sobre todo cuando se trata de secar cubiertos, platos y vasos que luego irán a la boca. Paso mucho tiempo colgado de la pared o de alguna alcayata pero sirvo para adornar la pared exhibiendo mis alegres dibujos. Incluso puedo desempeñar misiones de gran responsabilidad como mantener fresquitas las gambas recién cocidas si me humedecen un poco antes de cubrir el plato. ¡fíjese que cosas me encomiendan algunas veces! ¡qué nivel! Soy sin duda la persona de confianza del cocinero. Pero aún sigo sin saber que significa eso de puñalada trapera, tendré que buscarlo en el google.
P.- ¿Quiere aprovechar para hacer algún comentario?
Solo subrayar que a pesar de los muchos cambios y adelantos acontecidos en la cocina de hoy, yo sigo conservando mi esencia textil, aunque mis colores sean más fashion. Eso da idea de la importancia de un buen paño de cocina. Y por otro lado, aconsejar a los cocineros/as que nos cuiden, pues somos fieles compañeros en su rutina, y no nos deben usar para otros menesteres. Ya sé que nuestra felpa va siendo algo cara, pero pueden hacer como Charo, que nos compra en época de rebajas. Algunos de nosotros lleva con ella más de veinte años, y lo que nos queda…años en los que hemos visto llorar a muchos cocineros/as y no siempre con la cebolla; de hecho hemos secado lágrimas de verdad. Es que la cocina tiene eso, mucha vida, por eso escogí este trabajo.