Como cualquier criminal del tapeo, vuelvo al bar Anda*Lucía, situado en el barrio de El Cerezo-Macarena, Sevilla, y en atención a Lucía, su propietaria, natural de Rumanía, que lo regenta hace unos 15 meses gracias a un microcrédito, me pareció una buena idea regalarle una olla de garbanzos con chocos, como contribución al catálogo de tapas hispano-rumanas que tiene (como pastel de arroz o rollitos de col, que tenéis más abajo).

Ojalá detrás de cada receta hubiera siempre una historia, una aventura para contar. Es la segunda vez que me meto en este berenjenal, tras los garbanzos que hice hace algunos años, para celebrar en mi tierra el encuentro en segunda división Cádiz-Recreativo de Huelva con mis primos. Pero ante la incertidumbre de cuando volverían a enfrentarse estos dos equipos, he decidido preparar estos garbanzos colectivos, para 25 platos aproximadamente, o para 30-35 tapas.

Dos barrios de Sevilla se comunicaron a través de estos garbanzos con chocos; la olla grande llena hasta arriba, bien atada y en el suelo del coche, traspasa ella sola las barreras sociales sevillanas, e invade el territorio rumano del bar de Lucía. Una primera cata por los clientes de la barra certifica que los garbanzos están estupendos. ¡Menos mal!, porque tiene guasa correr riesgos después de estar cuatro horas preparando los chocos, troceando el jamón, revisando constantemente los hervores y sufrir un resbalón a modo de conato de caída al suelo de la cocina, ¡qué vulgaridad!.
El grupo de donantes garbanceros (nosotros) también probó el potaje, junto a las tapitas preparadas por Lucía. No hay como viajar al extranjero para conocer otras cosas. Garbanzos turísticos, en un barrio donde todos se saludan: los que van o vienen, como una pareja con niñas repetidas –arregladas para un bautizo- nos hace dudar de nuestra sobriedad etílica al pasar junto a nosotros en la terraza del bar. Garbanzada popular (como diría Enrique Alcina); garbanzos en platitos llanos que no permiten la salsa, pero que dan envidia a los viandantes, de eso se trata. Gastronomía invasiva diría yo.
Ingredientes: 2 kg de garbanzos lechosos, 8 kg de choco sin limpiar, 3 cebollas grandes, 3 cabezas de ajos, un chorizo casero grande, 600 g de jamón serrano ibérico en taquitos, aceite de oliva virgen, un buen chorreón, sal, pimentón, hierbabuena y perejil; todo ello con una cacerola de 27 cm de diámetro por 40 de alto, prestada por la tía Manoli, y un difusor para adaptar la base a la medida del fuego de mi vitrocerámica.(Ver modo de hacerlo en el post anterior).
Y el tercer cajón de mi congelador, por fin vacío sin los ocho kilos de chocos, me da las gracias. Mientras hierven los garbanzos escucho SER Viajeros en la radio y consigo guarrear la cocina con esmero. También, a ratos vigilo el blog y la bandeja de entrada de correos electrónicos. Soy consciente de que estos garbanzos con chocos son una auténtica valija diplomática en nuestros barrios multiculturales. Tengamos los mismos garbanzos en paz. Lucía promete aprender a hacerlos e incluirlos en su carta. Prueba superada.