Si compras cuatro flanes te llevas otros cuatro de regalo. Pero ésta y otras ofertas solo están los jueves de marzo y de abril, en el barrio gaditano de Santa María.

Hacer las compras de alimentación en el barrio es una opción más que interesante. Hay incluso estudios de marketing que revelan que comprar con el mínimo desplazamiento compensa diferencias de precios de otros centros comerciales. Comprar cerca de casa ahorra tiempo y gasolina y añade encanto, saludos, conversaciones y cercanía.

La Asociación de Comerciantes de Santa María está manteniendo durante el mes de marzo la campaña jueves económicos, que se extenderá a abril si la cosa lo merece. Dice Antonio Septien, su presidente, que con ello se pretende atraer a los vecinos del barrio y a nuevos clientes para que allí realicen sus compras. Para eso los comercios adheridos (algo más de treinta) apuestan por ventajosas ofertas en muchos de sus productos.

No tener la nevera atiborrada de productos es una de las consecuencias de comprar en tus calles, así como poder decidir a última hora sobre tu menú del día siguiente, aprovechando el tiempo libre. Pero también podrás encontrarte con tus vecinos, ver cómo crecen sus hijos o interesarte por los achaques de sus mayores. La vida de barrio es un gran aliciente. Otra cuestión es que dicho barrio esté bien equipado de establecimientos comerciales y éstos cuenten con variedad y calidad en sus productos.

Negocios como los de Antonio Septién, que cierran a altas horas de la noche, tienen su encanto. En esos locales se habla de todo, y penas y alegrías afloran inevitablemente en cada vecino. Allí puedes criticar al gobierno, al Ayuntamiento y a los ruidosos niñatos motorizados. Todavía pueden verse clientes entrar en la tienda con la bata de casa (nunca me gustó este estilo).

Otras actividades están programadas en el barrio de Santa María para los próximos meses a través de la Asociación de Comerciantes. Se trata de un barrio con gran parte de su caserío ya rehabilitado, permitiendo que parejas jóvenes vuelvan a vivir allí. Sus calles respiran lo más sui generis del carácter gaditano. Pero merece la pena pasear por sus calles. Y los jueves se venden más flanes que nunca, todo es ponerse.