El sábado 21 de febrero, en la exposición “El pensamiento en la boca”, se llevó a cabo el “Día de la Familia” en las salas San Francisco e Imagen de Sevilla. Para ello se preparó una visita destinada a padres, hijos y otros miembros de la familia. Un guía hizo un recorrido poco convencional de la muestra, buscando fomentar el diálogo con los visitantes y acortar la distancia entre la obra y el espectador.

Tras la visita se llevó a cabo el taller didáctico titulado “los cinco sentidos”. Para ello se introdujeron distintos alimentos en una serie de cajas, gracias a los cuales los visitantes descubrieron cómo utilizar los 5 sentidos en la cocina, al tiempo que se relajaban un poco y disfrutaban el momento de sentarse a la mesa.

Uno come con los sentidos. Si no tuviésemos olfato, todo tendría el mismo gusto o no tendría gusto, perdiéndose también nuestros recuerdos. Si nos tapamos las narices y comemos algo, el alimento no sabe a nada; esto ocurre porque el gusto está directamente relacionado con el olfato, y si no tienes olfato no tienes gusto.

Aparte, existe algo que se llama memoria olfativa. Un simple aroma trae recuerdos y lo mismo ocurre con la comida. A veces sentimos olor a una barbacoa y los jugos gástricos comienzan a funcionar, o bien vemos un plato bonito en una revista y empezamos a sentir hambre. En un restaurante primero lees la carta y luego te imaginas el plato; después llega lo que has pedido, lo miras, lo hueles y después lo comes.

“En definitiva, es necesario detenerse un momento a la hora de comer y entregarse a nuestros maravillosos e inexplorados sentidos”. Rodrigo Valdés (cocinero).