Hace mucho que no he vuelto a “vender” el uso de la talega para el pan en este blog, a pesar de que no hemos dejado de usarla ni un solo día en casa. De hecho tenemos dos talegas pequeñitas, para la pieza pequeña de pan (viena, bollo, pescaíto, etc. distintos nombres del pan según los sitios), además de una alargada, para las barras. El caso es que nos hemos acostumbrado a ellas, por lo que siempre las llevo en el bolso, preparada para la compra de la pieza de pan de cada día.

Pero me ha hecho mucha ilusión recibir esta talega desde Jaén. Me la ha enviado María del Mar, que dice que hace mucho que la usa, y que la gente se sorprende y le mira como a un bicho raro cuando ven la bolsita. Pero que en las panaderías se alegran de volver a ver una talega… María del Mar también utiliza cesta para la compra, además de bolsas ecológicas. Ambas imágenes aumentarán nuestro muestrario de talegas activas.
Es curioso, pero cuando saco el tema de la talega con alguien, enseguida me comenta que tiene una o dos talegas antiguas –y muy bonitas- guardadas en los cajones junto a manteles y servilletas, de recuerdo. Desde luego en los cajones no hacen nada.


Por cierto, otra cosa que llevo siempre en mi bolso es una bolsa plegable que me regalaron con motivo de una donación colectiva de sangre; la bolsa es ecológica, lavable, se transporta estupendamente por su poco peso y volumen, y la tengo siempre lista cuando tengo que transportar alguna pequeña compra imprevista.

Deberíamos irnos concienciando poco a poco de la necesidad de volver a las antiguas buenas costumbres, que no cuestan dinero, al contrario, que son fáciles de implantar, y que contribuyen al cuidado de nuestro planeta. Pienso seguir “dando caña” con la talega, a ver si cunde.