Sigo sacando material de la información que recibí en los seminarios de la Fundación IDEHS por su gran interés, impartida magistralmente por el profesor Javier García Pereda. Por ejemplo, sobre las enfermedades cardiovasculares (ECV), que se desarrollan por la acumulación continuada de materia orgánica (grasa y colesterol) en las arterias de los vasos sanguíneos, siendo causas de isquemia y trombos sanguíneos.

La gran incidencia de las ECV en España, lleva a analizar los factores de riesgo que intervienen. Y es necesario resaltar los cambios drásticos producidos en los estilos de vida humana, fundamentalmente en la alimentación. Hay eso sí, unos factores de riesgo no corregibles como sexo (peor en el hombre), edad y antecedentes familiares).

 

Pero hay otros factores que pueden corregirse. Entre ellos los directos: niveles altos de LDL, niveles bajos de HDL, tabaquismo, hipertensión, diabetes y la simple alimentación. En cuanto a los indirectos, se encuentran el sedentarismo, la obesidad, el estrés y el consumo de anticonceptivos orales (por la modificación del nivel hormonal).

 

Para tener un corazón sano, se necesitan grasas, elementos energéticos, (colesterol tipo LDL y tipo HDL), con un 30-35% de ingesta calórica total. Según las fuentes alimentarias se clasifican en ácidos grasos saturados (grasas animales, aceites de coco y palma que aumentan la fracción LDL); ácidos grasos insaturados (aceite de oliva y frutos secos, que según estudios realizados aumentan la fracción HDL, es decir, son los mejores) y los ácidos grasos poliinsaturados (omega-3 y omega-6) que reducen LDL y HD.

 

Los ácidos grasos saturados son nuestro principal enemigo, al estar repletos de hidrógeno, y tener una estructura fuerte, compacta y sólida. Los ácidos grasos poliinsaturados omega3 y omega-6 se encuentran principalmente en el pescado azul (atún por ejemplo), sirviendo para limpiar las arterias y evitar los atascos. Existe una normativa que fija el mínimo necesario de omega-3. El omega-6 (aceites de semilla) no tiene tantas propiedades.

 

Alimentos como por ejemplo ternera y cerdo, tienen diferente perfil de grasa. En el caso de la ternera, animal rumiante, las grasas se saturan en su estómago produciendo hidrógeno de forma natural. Por su perfil lipídico, el cerdo es el mejor, sobre todo si es ibérico.

 

Tanto el colesterol LDL como el HDL, son necesarios para transportar, el primero los nutrientes al hígado, y el segundo, para lo contrario, pues recoge lo que sobra y lo entrega nuevamente al hígado para que lo termine de filtrar. De ahí que lo importante sea la proporción de cada uno, evitando la descompensación.

 

Pero hay otras circunstancias, debidas por ejemplo al sedentarismo y al consumo de grasas. Han cambiado además los alimentos, pero no nuestros genotipos. El azúcar refinado por ejemplo, tiene unos 150 años. Otra circunstancia a tener en cuenta es la soledad a la hora de comer, lo que produce la ausencia de saciedad. Los niños son los más afectados por la mala alimentación, dándose casos de obesidad en niños de menos de cinco años.