Ya he dicho que este blog es de cocina laboral; eso quiere decir que cuando uno/a sale de casa para ir al trabajo y deja la casa más o menos recogida, las camas hechas, los cacharros fregados y el baño ordenado, debe dejar también la comida lista, o sea, para consumir a la vuelta previo calentamiento del plato.

 

Ése ha sido mi objetivo desde que empecé a trabajar. Otra cosa es que no siempre lo haya conseguido. Se trata de llegar a casa, y tener listo al menos un plato de comida caliente. Creo que a esa hora no deberíamos perder tiempo más que en poner la mesa, sin tener que improvisar el objeto del almuerzo.

 

Por eso, de lunes a viernes, siempre busco recetas de vísperas, es decir, guisos que yo pueda calentar al día siguiente sin que por ello pierdan textura, sabor y presentación. Ya he dicho que incluso el arroz bomba es compatible con la preparación el día antes. Y aquí se incluyen todos los potajes, guisos, pescados en salsa, etc.

 

La cocina para currantes tiene esa característica que la hace más digna: la de pensar en ella y planificarla veinticuatro horas antes. Pero que cualquier miembro de la familia se encuentre la comida hecha al llegar a casa, no tiene precio, y nuestra salud y tranquilidad tampoco.