Los Reyes Magos llegaron el pasado viernes al Casino Gaditano, situado en la Plaza de San Antonio. Fue una visita sorpresa. Y no sé por qué el segundo de ellos, Gaspar, me recordaba mucho a mi marido, sobre todo por sus ojos.
Una fiesta infantil y una merienda adaptada a los pequeños fueron los actos que precedieron a la llegada de SS.MM., que entre saludos y aclamaciones desde las balaustradas de la primera planta del bello edificio, pudieron comprobar las caras de sorpresa, felicidad y nervios de los casi cincuenta niños y niñas que les estaban esperando ansiosos en el patio neomudéjar.

Algún pequeño rompió a llorar al ver de cerca a estos impresionantes personajes; otros simplemente los miraron con descaro infantil. Y los más locuaces, entablaron con los Reyes una animada conversación sobre los detalles de la carta enviada días atrás y sobre su comportamiento, según sus padres. Ante la ilusión de los Reyes Magos, todos los niños siguen respondiendo igual. Esta sensación debería exportarse a toda la infancia del mundo, como un derecho universal.

Globos, galletas, caramelos, papeles de regalo y muchas, muchas sonrisas ocuparon el edificio durante unas horas. No obstante, Melchor, Gaspar y Baltasar, hombres de mentalidad muy abierta, quisieron, una vez entregados los regalos a los pequeños, contactar en la calle con el pueblo gaditano, que dicen tiene el mayor índice de paro, y dieron una vueltecita por la plaza de San Antonio. Pero los Reyes solo vieron niños a pie o en carritos, rodeados de padres y abuelos, abriendo los ojos ante tres amables barbudos que les acariciaban con sus guantes. Todo ello fue un anticipo de la mágica noche del cinco de enero, en la que algún niño no querrá cenar por los nervios antes de acostarse.

Los Magos de Oriente le caen bien a todo el mundo, su popularidad es eterna. Los viajeros de los coches que se dirijían al aparcamiento, saludaban saliendo por las ventanillas a los reyes paseantes, como si los conocieran de toda la vida. A mi Gaspar un cuarentón le pidió una novia sin requisitos. Aquella tarde muchos de nosotros recordamos otros tiempos, noches de Reyes dirigidas por nuestros padres y vividas para la niñez de nuestros hijos. ¡Qué bueno que sigan llegando los Reyes cada seis de enero!
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El edificio del llamado Casino Gaditano se construyó en el siglo XVIII para residencia del Marqués del Pedroso, en cuyo oratorio se veneraba el famoso lienzo de las Dos Trinidades de Murillo, hoy en la Galería Nacional. A principios del XIX fue ocupado por la familia Istúriz, famosa en la vida política española. Allí se reunieron los miembros de una famosa logia masónica y en sus tertulias, a las que asistía Alcalá Galiano, se fraguó e
l levantamiento liberal de 1820. A partir de 1848, se convirtió en la sede del Casino Gaditano, institución importante en la vida cultural de la época, que realizó diversas reformas en el edificio. Recientemente ha pasado a manos municipales.