He retocado el lema de la portada de este blog con la palabra conciliación como lema principal, hoy tan de moda. Blogs de cocina hay muchos, bellísimos, con recetas maravillosas, fotos sensacionales y preparaciones magistrales. Pero en comeencasa defiendo la cocina de rancho, la de diario, la de lunes a viernes, la que convive con el trabajo de la gente y que tiene una fuerte vocación de servicio a la salud familiar.

Me he decidido a colgar este post, -con cierto tufillo panfletario- apoyada por una noticia aparecida en la excelente web blog Directo al Paladar -que es para mí toda una referencia gastronómica- y que enlaza una interesante noticia sobre la decadencia de la cocina casera a favor de la cocina de autor, a la que todo el mundo parece admirar. Pero en casa, cuesta trabaja meterse en la cocina a diario, porque esa no tiene cámaras ni comensales famosos.

La comida en casa debería ser obligatoria, porque sin duda lleva mejores ingredientes, más frescos y con más dosis de cariño, que también eso alimenta, preparada a sus horas, para facilitar las relaciones familiares. Pero si, como en el caso de las grandes ciudades, los largos desplazamientos o los horarios impidieran llegar para comer en casa, siempre nos quedará el tupperware, susceptible de ser calentado en cualquier dependencia del centro de trabajo y con el que podríamos almorzar divinamente, haciendo feliz a nuestro estómago.

Hablamos de cocina de lunes a viernes, relacionada y condicionada directamente por el trabajo y sus horarios y con la necesidad de rendir y afrontar sus obligaciones, ayudando en la regularidad del esfuerzo. Cocina que no necesita demasiados homenajes, solo la calificación de los comensales de confianza. Cocina que no llegará a brillar en las competiciones gastronómicas, pero sí en los comentarios y deseos de los que se sientan en nuestra mesa y en su salud a corto, medio y largo plazo.

Ésa es nuestra cocina, la que busca con esfuerzo culminar el plato caliente en la mesa como meta de cada día, y no la gloria de la paella de un fin de semana. Y esa es la cocina que han practicado tantas y tantas mujeres en sus casas (y hombres también, hoy cada día más) durante muchos años. Ésa es la cocina que ha hecho crecer a los niños y alargar la vida a los ancianos.

Cocina de delantal descolorido y zapatillas maltratadas, de radio sonando y lavadora en marcha, de agenda previsora y consultas al congelador, de lista de la compra de la frutería, y de conversaciones familiares mientras se llora con la cebolla.

Admiro a los grandes de la cocina, gurús de la alta gastronomía, como una referencia imprescindible, pero defiendo y reivindico la humilde cocina laboral, y a ella van dirigidas todas las reflexiones, opiniones, recetas e incluso tonterías que aparecen en este blog, que buscan la conciliación de la vida y la salud familiar, pues hoy, cocina casera es sinónimo de cocina LABORAL. Come en casa.