Dice la wikipedia que el boniato, batata, camote o papa dulce (Ipomoea batatas) es una planta de la familia de las convolvulaceae, cultivada por su raiz tuberosa comestible. Dice que llegó a Europa en el siglo XVI y que se ha difundido ampliamente en todo el mundo.

Según estadísticas de la FAO al año 2.005, China es el principal productor, cultivando el 83% del total mundial; Islas Salomón tiene la mayor producción per cápita del mundo: 160 kg por persona por año.

El boniato es un alimento reconocido eficazmente en la lucha contra la desnutrición debido a sus características nutritivas, facilidad de cultivo y productividad. En la Comunidad Valenciana

se utiliza para los pasteles de boniato típicos de la Navidad. Y en Cataluña se consume durante la festividad de la Castañada, como acompañamiento de los tradicionales Panellets o como ingrediente base para la pasta de éstos.

Pero lo que no dice la wikipedia es la relación entrañable e histórica del boniato en la vida diaria de los españoles de la posguerra. Mi madre me contaba que entonces era casi el único alimento que entraba en la mayoría de los hogares. Y que para conseguirlo, era necesario guardar cola en las frías madrugadas, a eso de las 5 ó las 6 de la mañana. Muchos años después, mi madre lo recordaba con cierta tristeza.

Así fue la escasez. Sin embargo, están comprobadas las muchas cualidades nutritivas del boniato; no me extraña que constituyera la base alimenticia de la población de los años 40, difíciles en todos los sentidos. Hoy, en España, solo lo valoramos y utilizamos como postre; pero incluso ásí merece todo nuestro respeto.