Podemos decir que las patatas están bien vistas por casi todo el mundo, excepto por algún ideólogo radical que las tiene condenadas (allá él, seguro que no es gaditano). Pero ya hablaremos de eso otro día. El caso es que recomiendo esta receta de patatas aliñadas porque están de muerte, y representan el valor de disfrutar de las cosas sencillas, tal como hicieron otros en el pasado.

Se trata de un aliño de patatas muy al estilo de Cádiz. Le pusimos este nombre en honor de mi abuela, su autora, a la que todos llamaban Doña Manuela quizá por la entrañable autoridad que ella pretendía imponer; mi abuela, tras quedarse viuda joven y con seis hijos puso una fonda para estudiantes durante la guerra civil y la posguerra, cuando el racionamiento de una pieza de pan por persona y día. Estas patatas las siguen preparando en mi familia, y aunque no sea un hallazgo gastronómico, el nombre le ha dado personalidad a la receta y punto.

Ingredientes: una patata nueva y pequeña por persona, sal, 2 pimientos verdes de freir, 2 dientes de ajo, tres tomates maduros medianos y pelados, sal, vinagre y aceite, Y lo más importante, un mortero bonito, pues lo ideal es hacer este plato en vivo y en directo a la vista de los invitados, mientras uno va contando en la cocina sus historias cotidianas . El aliño dura 2-3 días en perfecto estado de conservación. (No aliñar con patatas calientes).

Se cuecen las patatas con sal, (45 minutos aprox),se pelan y se reservan. En un mortero, se majan los pimientos verdes troceados, los ajitos, y los tomates pelados. No olvidar poner primero la sal para que no salten estos ingredientes. Añadir el vinagre (poco) y el aceite de oliva virgen, majar todo bien hasta dejar molida la mezcla, y añadir a las patatas, agitándolas bien. Y otro detalle: un lebrillo a juego con el mortero.

Otra forma de aliñar podría ser: con perejil, cebollita, aceite y vinagre poco; y sal. Y machacar todo. Pero ésta no es de Doña Manuela.