Mi amiga Lola, de Cádiz, tiene la suerte de vivir en un piso rehabilitado del casco antiguo. Es famosa su azotea por las reuniones que organiza con sus amigos, además de por sus tomateras. Y me envía una receta con historia: la poléa. La crónica no tiene desperdicio, y la pongo tal cual. A Lola le gusta Cádiz y sus cosas tanto o más que a mí. Gracias Lola por tu afecto.

“El domingo de Resurrección, a la hora de la merienda me acordé de un plato de mi infancia, que mi madre me solía hacer como merienda-cena, ya que entonces solo había un canal de TV y los niños a las 9,30 -como muy tarde- estábamos ya en la cama. Era plato de otoño-invierno, que solía estar precedido de un buen filete con patatas. Mi madre no era muy repostera, pero los pestiños en Navidad y las poleás eran su especialidad. Así que habiéndome comido » Las Poleás de Resurrección» me dispongo a escribirlas para tu blog (En otros lugares de la geografía española se conocen como gachas, pero en Cádiz siempre fueron poleás, que incluso creo se preparan, aunque más sofisticadas en nuestra Escuela de Hostelería)».

Receta de las poleás gaditanas:

 


Poner en una sartén antiadherente unas tres cucharadas soperas de aceite de oliva (no oliva virgen que sería demasiado fuerte) con dos cucharaditas de café de anís en grano (en Cádiz se llama matalauva). Cuando el aceite esté caliente y sin que se quemen los granos de anís, se cuela el aceite y se vuelve a poner en la sartén. En ese aceite se pone un poco de leche caliente y un par de cucharadas soperas de harina fina de repostería (nunca de pescado, ni de garbanzos…eh!)
Todo se va removiendo con cuchara, evitando que salgan grumos. Previamente se tienen unos picatostes de pan frito, puestos en papel absorbente para evitar que estén aceitosos (lo mejor es dejar un par de rebanadas de pan de dos días, que se “asienten”). Yo tomo los fines de semana en casa pan de la venta “El Soldao”, que venden en el Mercado de Cádiz a diario, menos los lunes, -como los museos. Y que te venden cortado a rebanadas o entero.

Una vez que la poleá tiene la consistencia de un puré fine, la pondremos en un plato hondo, con los picatostes, que no deben hundirse; luego espolvoreamos con azúcar blanca y canela en polvo. ¡Cuidado al comer, pues guardan mucho el calor y podríamos quemarnos!. Buen provecho.