Esta receta nos la envió Paco Pepe (el pescadero) por correo electrónico. Dice que es la que hacía su madre, según receta antigua de los barcos traíñas.
Ingredientes (cinco personas) 1 kg. De caballas medianas (las grandes son muy secas), 3-4 cebollas grandes, 3 pimientos de freír, 3-4 dientes de ajo, 3 tomates maduros pelados, caldo de pescado y 250 g. de fideos tipo Perla. (Pastas Gallo lo tiene), aceite de oliva y sal.
Se pelan las cebollas en cascos medianos no muy pequeños, se cortan los pimientos de freír en trozos grandecitos; se “estrujan” los dientes de ajo en un mortero, y todo ello, regado con abundante aceite de oliva, se pone a sofreír lentamente. Una vez listo, se añaden los tomates pelados y cortados en trozos grandes, se remueve y se deja unos minutos para que el tomate vaya cociendo y los jugos se liguen para dar mejor sabor y olor.
Pasados unos minutos, se machaca, en la cazuela y con el canto de la tradicional espumadera, el refrito de tomate (esto se hace si luego no lo pasamos por el pasapurés o batidora) ya que queda mucho mejor el plato si nos encontramos los trozos de las verduras. Y cuando veamos que el sofrito está en su punto, le añadimos el caldo de pescado, según la cantidad de fideos que vamos a tomar, (aprox. Vaso y medio de agua a dos vasos).
Cuando empiece a hervir, añadimos los fideos y a media cocción las caballas (las medianas son muy sabrosas) partidas en dos (con cabeza), y la sal, y dejamos cocer en este caldo los minutos que falten para hacer los fideos, y luego a servir. (La caballa debe quedar compacta, no deshecha).
Dice Paco Pepe que “hay quien escalda las caballas antes de añadirlas al caldo para quitarle las espinas antes de meterlas en los fideos, pero para mi gusto quedan más sabrosas si se añaden enteras (si son pequeñas) o cortadas en dos o tres trozos pero no pequeños, ya que lo normal, por ración, son un par de trozos.
Nuestro agradecimiento a Paco, por la amabilidad que tuvo no solo en conseguirme las caballas (él no suele tenerlas), sino que además las limpió troceó. Como también la receta es suya, está claro que debe llevar su nombre, ¡qué menos!.