No puedo pasar sin él, sobre todo en el desayuno. Compro semanalmente una pieza de 500 g de queso fresco El Gazul y la reparto entre los días de la semana laboral. También lo consumo por las noches, acompañado de fruta fresca, combinación de lo más digestiva para una cena.

Aquí van dos propuestas: la primera es tomarlo con dulce de membrillo, un alimento clásico y exquisito, que casi todas nuestras abuelas sabían preparar y guardaban en una lata en forma de caja de zapatos, bellamente decorada. La encargo en el establecimiento Miña Terra, de Cádiz. Su marca es antigua, muy conocida y consolidada en el mercado: San Lorenzo, de Puente Genil (Córdoba), como debe ser. La mezcla merece la pena.
Y otra sugerencia que preparó mi hijo fue presentarlo junto al tomate, que se aliña primero y por separado (sal, vinagre y buen aceite de oliva virgen extra). A continuación, va el queso fresco, unas buenas aceitunas, y sobre ellos se espolvorea el orégano. Este plato sencillo es delicioso y bien acogido incluso por la gente joven, lo que tiene su mérito.
Desde luego, es importante la calidad del queso fresco, concretamente éste que os presento es artesano y se nota. Muchas veces he probado ensaladas multicolores acompañadas de queso fresco que no sabían a nada. Pero aparte de eso, estas dos propuestas representan ideas simplonas y naturales, que sobre todo aportan salud a la mesa.