Dirán mis lectores que ya está bien de tanto salir de tapas y presumir de blog cocinilla sacrificado-casero. Y llevan razón. Pero en todos los trabajos se fuma (aunque ya hay que salir a la calle para eso), y degustar las tapas los fines de semana o cuando se pueda, es sin duda un relax, después de pasar muchas horas a la semana preocupada por el menú y sus ingredientes.

Además, no me negaréis que de estas rutas gastronómicas siempre sacamos información valiosa. Y en concreto, la visita al mercado andalusí del pasado fin de semana, nos ha permitido conocer y adquirir productos artesanos y ecológicos (quesos, miel, etc.), elaborados por pequeñas empresas aún desconocidas y que luego saboreamos en nuestra casa.

 

Pero la cocina siempre está presente en mi agenda, representa mi pequeño reino, y es mi primer lugar de trabajo. Y además, tras el laborioso arroz que preparé el sábado para mis tios Adela y Pepe, (arroz de verano con su gamba fresca y todo…), hay que actualizar el menú y acudir a la mesa con el trabajo hecho.

 

Tenía unos 2 kilos de tomates, así que para el domingo, decidí poner macarrones con tomate, aunque no tengan demasiado glamour, pero compensan sin duda el arroz del sábado. Ya habréis notado por lo que escribo que soy poco amiga de la pasta, que por cierto nunca estuvo en los menús de mi niñez. Pero no creo que sea por eso, sino porque desconfío de sus propiedades nutritivas. (Son prejuicios del cocinero, les pasa a algunos).

 

Para colmo, le tengo un poco de manía a los restaurantes italianos, por esas cargadísimas salsas bechamel que suelen utilizar y que me sientan fatal; por no hablar de los olores tan fuertes y artificiales que salen de sus cocinas. Bueno, supongo que también habrá buenos restaurantes italianos. En casa, los macarrones con tomate (frito por mí por supuesto) cada quince días y punto, eso es lo que hay, dictadura del cocinero que se llama (también hablaré de ella algún día)…