Todos los fines de semana hay víctimas de accidentes de tráfico en España. Y al escuchar los lunes en la radio de mi cocina las cifras siempre pienso en el inmenso dolor y llanto que se genera alrededor de cada fallecido, multiplicado por no sé cuantas personas que amaban o apreciaban a los fallecidos. Y también imagino cuantas ilusiones se perdieron de ver crecer y desarrollar las vidas truncadas, teniendo que afrontar soledades inesperadamente.
Ayer miércoles 20 de agosto a las 14,28 h en el aeropuerto de Barajas fueron 153 vidas, que causaron exponencialmente mucho dolor, y que se llevaron también innumerables ilusiones y el don impagable de la compañía para otras tantas personas; todo ello se aplastó con el vuelo 5022J. Desde mi cocina, a todos ellos, descansen en paz.