Hace ya bastantes años que dejé de comprar pañales y hacer papillas para mi hijo. No obstante, sí recuerdo todavía el empeño que ponía en alimentar lo mejor posible a Manu. Para ello buscaba los mejores ingredientes tanto en proteínas como en la verdura correspondiente, que tras la cocción en la mínima cantidad de agua (para no perder propiedades), procedía a triturar en una batidora convencional, obteniendo comida para dos tomas.

Y aunque es evidente que será el pediatra quien dará las pautas para introducir y preparar las papillas de los bebés, (yo contaba con su opinión siempre), voy a comentar algunos aspectos sobre las primeras comidas sólidas de los más pequeños, que indudablemente van a influir en su actitud futura ante la comida.

Es cierto que cada niño es distinto en cuanto a apetito y capacidad se refiere. Pero sí es verdad, que el puré preparado en casa para tomar en el almuerzo, cumple con la gran finalidad de aportar vitaminas y hierro, y además, como nunca tendrá el mismo sabor, contribuirá a que el niño se acostumbre a variar, creándole disposición para probar nuevos alimentos. Por eso siempre he sido gran defensora de los purés, pues lo comen todo mezclado.

Otra cosa importante es observar regularidad en los horarios. A menudo procuramos que el niño se adapte a nuestras costumbres, cuando debería ser al contrario: nosotros adaptarnos al niño; aunque nos causen ciertas molestias por nuestros distintos horarios. Además de la disciplina del horario, se debe acostumbrar a que el niño aprenda a distinguir el tiempo de la comida como algo serio y fundamental, que no debe compartirse con ningún juego.

En mi opinión, no hay inconveniente en mantener los purés en los almuerzos hasta pasados los dos años y cerca de los tres, en que se supone que el niño ya puede sentarse en la mesa a comer con los mayores. Las cenas sí pueden llevar tortillas francesas, pescadito a la plancha, contando siempre con las indicaciones del pediatra.

Concluyendo, éstas son mis ideas en la alimentación infantil:

1) Siempre preferir los purés caseros, con ingredientes buenos y frescos, no hay color.
2) Observar la regularidad en los horarios de las comidas, como algo indispensable.
3) Fomentar el desayuno con alimentos sólidos, por ejemplo con papillas adaptadas.
4) Sobrellevar las incomodidades que causan los bebés, hay que pasarlas inevitablemente.

Desde luego, el punto 4) es a veces el más difícil de cumplir. Creo que la sociedad actual tiende al mínimo esfuerzo en todo; pero nuestros niños son suficientemente importantes como para que no regateemos trabajo por ofrecerles lo mejor, puesto que vivir en este país lo permite. Son nuestra cantera, y por ellos debemos empezar la educación en la comida. Por cierto, puedo presumir de que mi hijo come de todo, incluso verduras.