El pez espada (llamado emperador en el norte, según creo), es una excelente propuesta para las cenas, junto con una buena ensalada. Pero, su versión más sencilla que es el filete a la plancha, presenta el inconveniente de la sincronización de los horarios, sobre todo en el caso de los adolescentes, que empiezan a llegar a cenar a la hora que les da la real gana. Y además, cuando ellos se preparan el pescado dejan la vitrocerámica hecha una pena, una vez recogida la cocina, con lo cual, se asegura la bronca familiar y se van a comer el pez espada pringoso a su cuarto, previo portazo.

De ahí que sea una buena idea preparar estos filetes con una salsa cuyo sabor realce el del pescado y que permita ser calentado por el comensal rezagado. Por ello os propongo el pez espada encebollao, porque facilita la paz familiar y porque fue testado clínicamente por mi hijo, el mejor probador de sabores del mundo mundial.

Esta mañana al cerrar la puerta de casa hacia el trabajo salía de mi cocina un agradable aroma a guiso de patatas con calamares. Y es que aunque este plato lo preparo por la tarde-noche, dejo para el día siguiente a primera hora lo de añadir y cocer las patatas, pues así llega en mejores condiciones al almuerzo, en que solo hay que calentar el plato en el microondas. Son costumbres que vengo manteniendo desde hace mucho tiempo y que consiguen que nos sentemos a comer lo antes posible; después, como siempre, hablamos del trabajo y de otras tonterías por el estilo.