Por motivos de trabajo y o prisa extrema, soy asidua usuaria del taxi. Es muy normal, por lo menos aquí en Sevilla, “pegar la hebra”, es decir, desarrollar una pequeña conversación, normalmente sin profundidad entre taxista y cliente.

El caso es que llevo muchos años compartiendo el monotema del descontento ciudadano generalizado; nos quejamos del alcalde, y le imputamos lo mal que están el tráfico, las eternas obras, la mugre del suelo….. y así constantemente. Pero en tres ocasiones el claro objeto de conversación ha sido la cocina.

El primer taxista, un joven de Dos Hermanas, localidad pegada a Sevilla me contó que tenía un huerto propio y que disfrutaba sembrando y contemplando cómo mes a mes crecían sus patatas, sus pimientos o sus cebollas. Y decía que era como el crecimiento de nuestros hijos, que siempre te mantienen ilusionado.
El segundo, contaba que pasaba muchas horas sentado en el taxi, y que para él la cocina era un auténtico relax. Por eso, se ocupaba siempre de preparar las cenas en casa. Y además, estaba siempre abierto a descubrir nuevas recetas y a probar nuevos sabores.
Y el último, un inmigrante peruano, ya residente en España, bien afeitado y con el taxi super limpio, me contó que su hijo de 10 años, buen estudiante, no paraba de decirle que de mayor quería ser cocinero, y constantemente buscaba información sobre gastronomía.
Total, que a estos tres señores taxistas les di mi dirección de blog. Y espero que me visiten alguna vez, sobre todo, el hijo del señor peruano, futuro gran chef.
Está claro, que tal como están las cosas con los políticos, lo mejor es no sofocarse, y dedicarse a algo tan hermoso como la cocina, que solo trae cosas positivas, y si es con un vasito de cerveza o tinto sobre la encimera mucho mejor, como decía mi amigo del otro día.