Tuvo lugar del 5 al 8 de junio, y es ya todo un clásico, aunque las primeras ediciones se celebraban en pleno verano. Este año, se dedicó al maridaje del jamón y la gamba, a modo de hermanamiento entre Punta Umbría y la población serrana de Aracena, productos ambos de lo mejor de nuestra gastronomía.
Y allí estuvimos: compartimos las mesitas redondas instaladas, escuchamos algún pasodoble muy cañí, probamos un buen plato de gambas cocidas, un queso semicurado riquísimo llamado Sierra de Romero (elaborado en la aldea de La Granada de Riotinto, os lo recomiendo), y un vino del que ya hablaremos. También hubo varios stands dedicados a los aceites de Beas y Gibraleón (éste muy premiado), pero tampoco hablaremos de ellos hoy.
Ya he dicho que en Punta Umbría siempre se está bien, sobre todo por las noches, por su excelente clima y agradable olor. Pero es verdad que a medida que pasa el tiempo, Punta va perdiendo su identidad. Los últimos hoteles de lujo construidos atraen a un turismo ávido de sol y playas (magníficas). Pero todo ello a costa de arrancar miles de pinos, que ya no darán sombra para un microclima único. Creo que Punta Umbría con el tiempo será un destino turístico más. No se escucha a los ecologistas, solo protestan los nostálgicos.
La Feria de la Gamba en Punta Umbría es un buen escaparate para vender la magnífica gastronomía de Huelva. No es solo marisco y jamón (que ya es mucho), sino también buenos aceites, conservas y unos exquisitos guisos marineros. Tengo que decir nuevamente ¡Viva Huelva, Viva Huelva!, aunque repita.