Es que es imposible volcar aquí todos los conocimientos. Precisamente, durante esta Feria de la Gamba en Punta Umbría, estuvimos comentando con nuestros amigos Isa y Tomás que la mejor manera de hervir la gamba es con agua del mar, puesto que tiene el punto de sal exacto. Si esto no es posible, utilizaremos abundante agua del grifo con sal gorda y con el primer hervor, añadimos las gambas (o los langostinos), y con el segundo, las sacamos del cacharro.

El agua de esta cocción, (solo si las gambas fueran frescas, cosa ciertamente rara), es ideal como fumet para emplear en arroces de marisco, o para cocer la patata y la zanahoria que lleva la ensaladilla de gambas. (Hablamos de gamba blanca, por supuesto).

La gamba fresca es hoy por hoy difícil de encontrar, y desde luego muy cara si se trata de buen tamaño. Pero sí a veces, en Huelva o en Cádiz, he comprado la gamba mediana fresca, de precio asequible, a la que he sacado múltiples utilidades, aunque yo misma la congelo, pero su sabor es infinitamente mejor. Os aconsejo un buen plato de gambas frescas al año, para que nunca olvidéis su sabor.

Como curiosidad, no sé si lo sabéis, hay un modo de distinguir la gamba fresca, y es si el bigote no se rompe por la mitad al suspender la gamba en el aire. De lo contrario, es congelada. Y en este caso, prefiero tomarlas cocidas simplemente, y así no me estropean ningún plato.

¿Habéis hecho la prueba alguna vez? Me gustaría recibir vuestros comentarios sobre la gamba, con el que seguro todos aprenderemos. (La semana que viene hay carne, os lo aviso)