Pánico esquizofrénico con el tema de la huelga de transportes y la amenaza de desabastecimiento en los mercados. El titular del Diario de Sevilla tenía tela: “La huelga deja a Sevilla con fruta, verdura y carne para sólo cuatro días”. Y yo hoy cuando salgo del trabajo y vuelvo a mi estado normal, empiezo a recordar que no tengo tomates, menuda papeleta…. (Qué bien si todos los problemas en la vida fueran eso, que a uno no le queden tomates).

Tengo previsto para mañana hacer atún encebollado y papas aliñás, y pasado mañana el glorioso pollito corralero. Total, que necesito los tomates ya. Voy de excursión al supermercado de El Corte Inglés (no tengo fruterías por la tarde en mi barrio), y al menos encuentro tomates de pera y los maduros de siempre. Allí (gracias al partido de la selección española, reina el relax en los carritos, y en la megafonía ponen un bolero de Luis Miguel (¡socorro!), que hoy ni siquiera me molesta. Allí no encuentro las cebollas clásicas y entonces un amable dependiente (con el mérito que tiene hoy día ser amable con las condiciones laborales que corren…) me selecciona de los expositores otras cebollas en bandejas con muy buena pinta, aunque más caras.
Pero hoy la gente ha arrasado las tiendas de comestibles, sobre todo en lo relativo a frutas y verduras. Y es que, por encima de huelgas, desabastecimientos, subidas salvajes del Euribor o de la gasolina, hay que comer, y cada uno tiene que buscarse la vida y organizar las comidas que dictan los horarios en cada hogar. Y con las zapatillas e incluso una batita o un vaquero modelo “remordimiento”, no hay nada como comer en casa.