Llevo varios fines de semana preguntando en el mercado por el atún de almadraba, que no llegaba primero por no haberse capturado, y después porque los primeros ejemplares iban para Japón. Todos los años salgo a esperar el atún cuando llega la fecha, y a los marineros pregunto por él… (como la canción de “tatuaje”, ¡qué cosa tan antigua oye!).

Según Diario de Cádiz, el 24 de abril se capturaron en Tarifa los primeros atunes, que aunque pocos (40 ejemplares), prueba que están empezando a cruzar el estrecho, tal como hace cientos o miles de años, coincidiendo con la luna llena. Hasta que el pasado sábado encuentro ya los grandes trozos de atún perfectamente colocados sobre el mostrador, y dispuestos a quedarse en España. El precio, todavía alto (unos treinta euros), aunque estamos hablando de pescado limpio.

Confieso mi debilidad por el atún. Mi madre nos lo preparaba mechado para cuando volvíamos de la playa. Pero sobre todo, es que siento que me alimenta. Lo suelo poner junto a una verdura (gazpacho, judías verdes o pisto). Compré algo menos de medio kilo, suficiente para comer tres personas, y además, no pude resistir la tentación de traerme tres filetes impresionantes. Y es que a la plancha, solo con sal y aceite están de muerte.

El llamado “pata negra” del mar, creo que es de lo mejor que podemos comer por sus muchas propiedades, pues aporta calcio, proteínas y además equilibra el colesterol como pescado azul que es. Su captura, en almadrabas, sigue siendo al mismo estilo tradicional. Ojalá cuidemos esta especie y se respeten las cuotas establecidas por la Organización de Productores Pesqueros de Almadraba.

Es muy interesante la cultura del atún, ligada a la propia historia del mediterráneo. A partir de hoy, haré como todos los años, pondré un plato de atún a la semana, hasta que acabe la temporada. Tengo bastantes recetas para pasaros. El atún refrigerado no sabe igual, aunque es bastante más barato. Espero seguir esperando muchos años al atún, que vino en un barco tal vez con nombre extranjero, esa es la globalización