La flor de sal es el producto más valioso de las salinas. También se le conoce con el nombre de Sal de Hielo, ya que se produce en la superficie de las salinas formando una fina capa de sal. Se recoge manualmente (con un cazamariposas) a finales del verano. Húmeda al tacto, totalmente natural, tiene muchos más matices que la sal normal, por lo que es muy apreciada por los gourmets. Está formada por pequeños cristales húmedos que no crujen en la boca, se disuelve con facilidad y aporta sabores diferentes. Es idónea para rectificar los platos en la mesa, combina con cualquier alimento y es muy recomendada para ensaladas y alimentos pocos cocinados, como a la plancha o al grill. Además, no favorece la retención de líquido. Se extrae de forma ecológica en las salinas de San Vicente, situadas en San Fernando, una población de gran tradición salinera. Se presenta en tarros de cristal de 100 gramos y 500 gramos.