El fin de semana motero, aunque solo hayamos sido espectadores, nos obligó a recorrer doble distancia en bici por la gaditana playa de Cortadura (por aquello de un circuito paralelo), y a regresar a casa antes de lo previsto, dejándonos cara de velocidad y un cierto sabor a concentración mecánica cosmopolita. Eso por un lado, y por otro que había que gastar el jamón cocido una vez abierto, otros embutidos envasados al vacío, un buen queso rallado, y sobre todo un tomate frito casero de lujo congelado, pues todo eso traducido resulta: una pizza casera para comer.

La masa la tenía en el congelador, (cuatro bases) procedente de El.C.I., aunque puede hacerse en la termomix, pero sinceramente creo que no merece la pena, ya que ésta ni siquiera tiene conservantes. Comer una pizza hecha en casa es un gran argumento para que a ninguno de nuestros niños y jóvenes más o menos caníbales se les ocurra sugerir telefonear para encargar una (con todos mis respetos a las firmas pizzeras que hay en el mercado).

Ya sabes, comeencasa la pizza. Con tus propios ingredientes, estará de maravilla. Y por último, para contrarrestar el atrevimiento de este plato propio del fin de semana, os recomiendo una buena ensalada. Así tendremos menos remordimientos, y además se facilitará la reconciliación de las diferentes culturas generacionales.

(Por cierto, urge hablar de dietas con vistas al verano, a ver si esta misma semana me pongo).