No creo que haya otro elemento gastronómico que despierte más alivio físico y psíquico que un buen puchero. Mientras se hace, la casa se calienta y sus habitantes parece que se sienten protegidos con su aroma tan hogareño.

El puchero es compatible con toda clase de enfermedades y dolencias, carnés de identidad y niveles de renta. Necesita poca atención del cocinero o cocinera, que durante su larga cocción puede dedicarse a otra cosa. El puchero se hace solo. Luego tiene múltiples aplicaciones y su consumo fortalece la confianza familiar.

No sé cómo se llama en el resto del mundo, pero en lo que respecta a Andalucía Occidental nuestro puchero despierta siempre buenos sentimientos. Yo voto para que sea declarado bien de interés gastronómico mundial.

Aunque hayáis dejado de ser pobres y ya no debáis un euro de hipoteca, no olvidéis hacer un buen puchero de vez en cuando, sobre todo en los meses de invierno; es una seña de identidad primitiva y básica, pero perdurable, que evoca ternura y buen rollo. ¡Ah! y no uso la olla a presión para el puchero, él necesita su tiempo….