Un buen proveedor es aquel que sabe atenderte, vendiéndote lo que necesitas, te gusta y te soluciona, aconsejándote sobre tus dudas e indecisiones, facilitándote buenos productos y continuando siempre con la misma línea de honradez.

De ese modo, te ayuda al hacer la compra, en una relación de confianza mutua, garantía y lealtad, que luego te encargas de transmitir boca a boca. Yo siempre he buscado tener buenos proveedores. De hecho suelo investigar en las tiendas que considero idóneas, y luego, poco a poco, voy estrechando la relación.
Mis buenos proveedores suelen ser autónomos, aunque también los he tenido en las grandes superficies. Y digo que los he tenido porque a veces han cambiado de centro de trabajo y los he echado de menos. Pero en general, mis buenos proveedores son independientes.

Se trata de un contrato verbal de auténtica exclusividad mercantil, que pienso favorece a ambos y por supuesto, a mi familia, que luego disfruta los buenos productos. Es comprar con fundamento, y de paso enriquecernos en lo comercial y en lo humano, aunque pueda parecer algo pasado de moda, por la tendencia a la prisa que como ya dije nos corroe a todos.

De hecho, no me importa el esfuerzo ni el tiempo a la hora de conseguir los ingredientes que me gustan para mi cocina. Lo mío es una especie de vocación romántica. Y cocinar sano lo es.