Lo cierto es que esperaba algún que otro comentario sobre el tomate frito, después de la gran exaltación que hice de su carisma. Ya que no he tenido ninguno, espero que al menos os haya hecho reflexionar sobre la necesidad del tomate frito de cosecha propia, ésa ha sido mi intención.

Por otro lado, un amable lector me preguntó días atrás sobre mi opinión de la termomix, y le respondí que era un accesorio a valorar en su justo término. Es decir, que para las tareas que se le encomienda, es realmente muy útil, incluso brillante, puesto que trabaja con la perfección de un robot. Pero eso no significa que se convierta en el protagonista o héroe de la cocina diaria, sino más bien que sea el mejor colaborador del cocinero.

Esta cuestión, llevaba al amable lector a reflexionar sobre una posible “globalización” de la cocina, es decir, a homogeneizar sabores. Creo personalmente que eso nunca es posible, pues incluso utilizando ingredientes semejantes o idénticos, hasta los factores ambientales darían distinto sabor y textura a los alimentos.

Y en cuanto al contenido de la palabra globalización, si la aplicáramos al campo de la alimentación, la gran conquista del hombre sería poder contar algún día que un simple plato de lentejas calentito y bien cocinado, con buen aceite y buenas hortalizas es el plato de menos categoría que logró posarse al mediodía en todas las mesas de hombres, mujeres y niños del planeta. Si eso ocurriera, ¡Viva la globalización!

Esta semana que entra tendré que hacer alguna entrevista interesante, a ver si se anima esto. Un beso a todos.