Mi tía Manoli me habló de esta receta, que aprendió en casas “bien” (pero de las de antes). Dice que estos huevos son una variedad de los llamados “huevos al Jerez”, que por cierto, no he sido capaz de encontrar en internet como tales. Por eso, por emplear vino Canasta, les he puesto este nombre.

El caso es que me fui a su casa a aprender la preparación, muy sencilla por cierto, llevando todos los ingredientes, excepto los vasitos de aluminio, que me prestó. Y desde luego aproveché la mañana, pues mientras estaba el preparado en el horno, por no quedarme parada, estuve saneando y regando las macetas de su patio. Y entonces recordé las plantas que había en la azotea de mi abuela en Cádiz, en aquella casa junto a la Alameda, luciendo en viejas y decoradas latas de dulce de membrillo, a cual más sencilla pero más bonita. Hoy los porches de las casas adosadas y chalets tienen macetones perfectos desde el primer día, pero no es lo mismo. Lo cierto es que daba gusto corretear por allí, oliendo a mar y a pura brisa, junto a los geranios, jazmines, perejil, hierbabuena y las sábanas tendidas. Era un lugar privado de los habitantes de la casa, pero estaba decorado con esmero y cariño. ¿De dónde sacaría el tiempo mi abuela para todo eso?